La noche avanzaba, y los cuatro perros de edad, agrupados a la luz de la luna, el hocico extendido e hinchado de lamentos —bien alimentados y acariciados por el dueño que iban a perder—, continuaban llorando a lo alto su doméstica miseria.
Furioso ante aquella exclamación, erizó el hocico, encrespó el lomo y huyendo a la montaña volvió la cabeza y gruñó encolerizado: -¡Ahora le voy a pedir a TLALOCTLI que no llueva para castigar sus atrevimientos con el representante de él sobre la tierra.
Y el coyote, ya que comió el muslo del guajolote con mole, lo sintió muy picoso y se acordó del aguamiel, esa agua fermentada de los magueyes que hoy le llaman pulque. Se acercó hasta la tinaja que la contenía y comenzó a beber apresuradamente, pues sentía que su hocico se incendiaba: -¡Ah, ah!
Los ojos guiñaron, el hocico se abrió con estrepitoso bostezo, a cuyos sones el busto se irguió, las piernas se estiraron y la criatura toda concluyó por quedar en pie, apoyándose en la muleta.
Y ya en todo el día no se apartaba de su ama, de la marquesa, en cuyas faldas fofas y muelles encontraba cobijo, cuyos brazos de alabastro la formaban como tibio y firme aro defensor, cuyos besos calentaban su
hocico frío, sus ojos hermosos, destellantes de inteligencia...
Emilia Pardo Bazán
La voracidad del cerdo crecía con su gordura. Gruñía por las tardes con el hocico enterrado en el fango. Del corralón de Nemesio, que vivía a una cuadra, se habían venido a quejar.
por ahí comas carne y por la boca mierda, y papa te vea la madre que te parió porque te vea más medrado; en las sopas te lo halles como garbanzo, con esa música te entierren, sabañones y mal de gamones, coz de mula gallega, por donde salió el pedo meta el diablo el dedo, la víbora el pico, el puerco el hocico, el toro el cuerno, el león la mano, el cimborrio de El Escorial y la punta de mi caracol te metan amén".
Entonces mi vista se percató de algo más horripilante: en el fondo del remolino rugía con las fauces abiertas por las cuales se veían sus filosos colmillos, un hambriento Tiranosaurio Rex. Era el monstruo del mar que había visto en otra de mis películas favoritas y me precipitaba hasta su hórrido hocico.
Ya tocaba en el ocaso del sol el fúlgido disco, y sobre el campo cayendo leves gotas de rocío, daban vida a los maizales y al retoño ya marchito, cuando en la loma de un cerro a cierto lugar vecino, cuyo nombre no hace al caso, y por eso no le cito, un jinete apareció (11) sobre indefinible bicho, pues desde el lomo a los pechos y desde el rabo al hocico, llevaba más alamares que sustos pasa un marido.
Nos rechazarán, si pueden; pero si podemos más, les arrebataremos sus ganados, y quién sabe si algún niño o hasta algún mozo. Tendremos carne viva y sangre caliente y roja en que hundir el
hocico.
Emilia Pardo Bazán
Almamía, el amigo íntimo, el de los juegos delicados y caprichosos, el de la blancura de algodón boricado, el de las manitas de felpa, se le acerca con volteretas y movimientos de trapo; hace el arco, ronca, y, pasándole el lomo por los bracitos, le pone el
hocico y el bigote hirsuto en las mejillas.
Tomás Carrasquilla
Entonces vivía en el interior del castillo, en una silla de terciopelo, o yacía sobre el regazo de la señora principal. Me besaban en el
hocico y me secaban las patas con un pañuelo bordado.
Hans Christian Andersen