Ejemplos ?
Naturaleza, vida y economía de los Páramos de Chilla, Chillacocha, Corredores y Clavelillos En los páramos de la Cordillera de Chilla, especialmente, de Corredores y otros lugares, el viajero se divierte contemplando el vuelo rápido de los picaflores, que se lanzan en el espacio como chispas eléctricas de varios colores, para luego ir a zumbar en una chuquiragua, en una flor de "tipo" y aumentar el ruido que produce el viento, el andar entre las pajas de una multitud de torcazas, tórtolas y cuculíes.
Así pues, pagué la factura, y al día siguiente, ni más ni menos, la alarma empezó a zumbar a las diez de la mañana como diez mil enjambres de abejas.
Donde fueron toldos, fácilmente se oye zumbar el alma india...
Y este soy yo: de este año de fiestas y motines sentí no más pasando zumbar en mi balcón los ecos más discordes, con pretensión de afines al parecer, pues juntos y a un tiempo oí clarines, campanas, tiros, órganos y salvas de cañón: aplausos, mueras, silbas, los salmos del entierro, el Réquiem y el Hossanna, los pitos y el fagot: murgas, orfeones, bandas, el arpa y el cencerro, chillidos de dos monos y hasta el ladrar de un perro…; todo el confuso estrépito que, huyendo de su encierro, harían las cuarenta legiones de Astaroth.
Las abejas se pusieron, primero a zumbar entre sí, y la reina le dijo: -Vuelve a tu casa; y ven mañana a estas horas con una servilleta grande y lo tendrás todo arreglado.
Mañanas sin fin, bajo los rayos del sol, a veces entre el zumbar de los insectos, la vaca y los niños esperaban la proximidad del mediodía para volver a casa.
Durante la confesión, el pueblo en masa esperaba en la calle, con el sordo y grave zumbar bullente de cólera de una enorme colmena.
Y en confuso remolino oír crecer la tormenta, que cambia, al pasar violenta, las veletas de metal; y oír zumbar sacudida la mal sujeta campana, y oír en la ancha ventana temblar hendido el cristal.
Eso quede a los poetas sandios, entecos, noveles, que andan poniendo en carteles sus angustias más secretas; Y todo ello en realidad es como el zumbar de un tábano, y de sus ayes un rábano se lo da a la humanidad.
El león se había apoderado de un «cerdo salvaje» y se disponía a devorarlo, diciendo: «Hasta este momento tu carne no ha llenado mi boca, pero tus agudos chillidos me han hecho zumbar los oídos.» Un león se había apoderado de una débil cabra.
¿Qué diablos debe suceder? ¡Oíd, qué manera de zumbar! En aquel mismo momento se partió el montículo, y una señorita elfa, vieja y anticuada, aunque por lo demás muy correctamente vestida, salió andando a pasitos cortos.
Según huían los pensamientos filosóficos, despertaban en el cerebro del hijo del dómine recuerdos de los estudios clásicos y se le aparecía Safo con aquel zumbar de oídos, que a él también le sorprendiera algunas veces cuando doña Engracia se le acercaba hasta tocarle las rodillas con las suyas.