yugada

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yugada

1. s. f. AGRICULTURA Extensión de tierra que puede arar una yunta en una jornada de trabajo.
2. AGRICULTURA Par de animales, en especial bueyes, que se usan en el cultivo del campo o en los acarreos. yunta
3. HISTORIA Medida antigua de superficie que adoptó distintos valores.

yugada

 
f. agr. Espacio de tierra de labor que puede arar una yunta en un día.
Sinónimos

yugada:

yunta
Traducciones

yugada

Joch
Ejemplos ?
Una se refería a las deudas, y determinaba que la cantidad pagada como intereses debía ser deducida del principal y el saldo pagado en tres plazos anuales iguales. La segunda limitaba la ocupación de la tierra y prohibía que nadie poseyera más de quinientas yugadas .
El Senado quedó tan contento con su victoria que al día siguiente aprobó una resolución, a propuesta de los cónsules, para que se adjudicaran siete yugadas de territorio veyentino a cada plebeyo; y no sólo a los pater familias, sino a todas las personas libres de cada casa, para que con esta esperanza estuviesen dispuestas a criar a sus hijos.
¿Tendréis ", preguntaban," el valor de pedir que mientras sólo se asignan dos yugadas a cada plebeyo, vosotros mismos podáis ocupar más de quinientas, de modo que cada patricio pueda poseer la misma tierra que casi trescientos ciudadanos, y que la posesión de un plebeyo apenas baste para darle techo bajo el que abrigarse y tumba donde ser enterrado?
En este año, Cayo Licinio Estolo fue procesado por Marco Popilio Lenas por haber violado su propia ley; él y su hijo, juntos, ocuparon mil yugadas de tierras, y emancipó a su hijo para evadir la ley.
Recibieron dos yugadas por cabeza en territorio latino y en territorio privernense recibieron otros tres cuartos de yugada; en el caso de Falerno se les entregó tres yugadas, debiéndose el cuarto de yugada adicional a la distancia .
Pero la diosa, volviéndose, aferró con su robusta mano una gran piedra negra y erizada de puntas que estaba en la llanura y había sido puesta por los antiguos como linde de un campo; e hiriendo con ella al furibundo Ares, dejóle sin vigor los miembros. Vino a tierra el dios y ocupó siete yugadas, el polvo manchó su cabellera y las armas resonaron.
¿Qué dirá oyendo o leyendo que a Quinto Cincinato, que poseía entre su hacienda tanto cuanto podían arar en un día cuatro yugadas de bueyes, labrándolo y cultivándolo todo con sus propias manos, le sacaron del arado para crearle dictador, cuya dignidad era aún más honrada y apreciada que la de cónsul, y que después de haber vencido a los enemigos y adquirido una suma gloria, perseveró viviendo en el mismo estado?
El Delio a él, hacía poco, por su vencida sierpe soberbio, lo había visto, doblando los cuernos para tensar el nervio, 455 y '¿Qué tienes tú, lascivo niño, con las fuertes armas?' había dicho: 'esas son cargas decentes para los hombros nuestros, que darlas certeras a una fiera, dar heridas podemos al enemigo, que al que ora con su calamitoso vientre tantas yugadas hundía, hemos derribado, de innumerables saetas henchido, a Pitón.
A la cual una vez reconocieron entre las sombras de la calina, 455 se pusieron de pie las diosas; Sede Maldita se llama: sus entrañas ofrecía Titio para ser desgarradas, y sobre nueve yugadas se extendía; por ti, Tántalo, ningunas aguas pueden aprehenderse, y el que asoma huye, ese árbol; o buscas o empujas la que ha de retornar, Sísifo, roca; 460 se gira Ixíon y a sí mismo se persigue y huye, y las que preparar la muerte de sus primos osaron, asiduas ondas, que perderán, vuelven a buscar, las Bélides.
Y algún viajero que contemple los muros de Sulmona, ceñidos de pantanos que dejan pocas yugadas al labrador, exclamará : «Ciudad que pudiste engendrar poeta tan ilustre, por pequeña que seas, yo te proclamo grande.» Amable niño, y tú, diosa de Amatunta, madre del mismo, llevad vuestras áureas banderas lejos de mi campo.
Vi también a Ticio, hijo de la Tierra, que produce todos los seres, cuyo cuerpo tendido ocupa siete yugadas enteras; un enorme buitre mora en lo hondo de su pecho y con su corvo pico le roe y le devora el hígado y las entrañas, que nunca mueren, y renacen siempre para padecer sin momento de tregua.
«Ese hombrezuelo azotado por los triunviros hasta rendir al pregonero, labra mil yugadas del campo Falerno, recorre en sus bridones la vía Apia, y como si fuese un caballero, con desprecio de la ley de Otón, ocupa en el teatro los primeros asientos.