yacente

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yacente

(Del lat. jacens, -entis.)
1. adj. Que yace.
2. s. m. MINERÍA Cara inferior de un criadero.

yacente

 
adj. Díc. del que está echado o tendido.

yacente

(ʝa'θente)
abreviación
1. que está tendido horizontalmente un cadáver yacente
2. que es parte elemental o está en el fondo de algo En la cultura occidental están yacentes los principios de la filosofía griega.
Sinónimos

yacente:

tendido
Traducciones

yacente

giacente

yacente

ležící

yacente

ADJreclining, recumbent
Ejemplos ?
Atracada junto a un montón de tablas y unos toneles de éter yacentes sobre el muelle, está la goleta Luisa, tan blanca y tan menuda, dejando ver todas sus intimidades.
¡Inertes sobre las losas, al lado las toledanas, Sumidos en las tinieblas, eran yacentes estatuas!- ¡Con tenerlos a seis pasos, ninguno los sospechara!
Al cabo de un momento estaba yo sumido en el más profundo sueño, hasta el punto que el mismo dios de Delfos habría apenas distinguido cuál de los cuerpos yacentes era el difunto.
Gimieron a la vez, a la vez encorvados por el dolor 245 sus miembros en el suelo pusieron, a la vez sus supremas luces giraron, yacentes, su aliento a la vez exhalaron.
615 Adonde una vez que penetró y con sus manos, a ella opuestos, la doncella apartó los Sueños, con el fulgor del su vestido relució la sagrada casa, y el dios, yacentes ellos de su tarda pesadez, apenas sus ojos levantando, y una vez y otra desplomándose, y lo alto del pecho golpeándose con su bamboleante mentón, 620 se sacudió finalmente a sí mismo, y a sí mismo sobre su codo apoyándose, a qué venía –pues la reconoció– inquiere.
Medio muertos errar por las calles, mientras estar de pie podían, los vieras, llorando a otros y en tierra yacentes y sus agotadas luces volviendo en su supremo movimiento, y sus miembros a las estrellas tienden del suspendido cielo, 580 por aquí y allá, donde la muerte los sorprendiera, expirando.
De él con los auspicios las murallas vencidas paz pedirán de la asediada Módena, Farsalia lo sentirá a él, y de nuevo se mojarán de matanza los ematios Filipos, y un gran nombre será vencido en las sículas ondas, 825 y de un romano general la esposa egipcia, en sus antorchas no para bien confiada, caerá, y en vano habrá ella amenazado que servirían los Capitolios nuestros al Canopo suyo. ¿A qué a ti la extranjería y los pueblos yacentes por uno y otro Océano he de enumerarte?
Dos fantasmas dolientes en él seremos en tranquilo amor, en connubio sin mácula yacentes; una pareja fallecida en flor, en la flor de los sueños y las vidas; carne difunta, espíritus en vela que oyen cómo canta por mil años el ave de la Gloria; dos sombras dormidas en el tálamo estéril de una santa.
A la entrada, en la acera, había mesitas, con pequeños toldos, donde en floreados vasos con las armas de la patria estaba la espumosa blanca chicha de maní, la amarilla de garbanzos y la dulce de "bonito", las butifarras que eran panes en cuya boca abierta el ají y la lechuga ocultaban la carne; los platos con cebollas picadas en vinagre, la fuente de "escabeche" con sus yacentes pescados, "la causa", sobre cuya blanda masa reposaba graciosamente el rojo de los camarones, el morado de las aceitunas, los pedazos de queso, los repollos verdes y el "pisco" oloroso, alabado por las vendedoras...
Tenía cerrados los ojos: Su cabeza desaparecía en el hoyo de las almohadas, y su corvo perfil de patricio romano destacábase en la penumbra inmóvil, blanco, sepulcral, como el perfil de las estatuas yacentes.
Pero cuando desde el supremo éter contempló las tierras el infeliz Faetón, a lo hondo, y a lo hondo, yacentes, palideció y sus rodillas temblaron de súbito temor, 180 y le fueron a sus ojos tinieblas en medio de tanta luz brotadas, y ya más quisiera los caballos nunca haber tocado paternos, ya de haber conocido su linaje le pesa, y de haber vencido en su ruego, ya, de Mérope decirse deseando, igual es arrastrado que un pino, llevado por el vertiginoso bóreas, al que sus vencidos frenos 185 ha soltado su propio capitán, y al que a dioses y a rezos ha abandonado.
Les daré un pasa volante, »y el otro aguarde una miaja. »¿Dónde están?» -»¡Aquí, cerquita!» Fue el cura, y halló a sus plantas tendidos a los rivales como yacentes estatuas.