Ejemplos ?
Llegó la dueña, y, tendiéndose de la misma manera, puso la boca en el oído de su señora, y con voz baja le dijo que traía el ungüento y de la manera que había de probar su virtud.
Pero esto, unido a la historia del conejo que asustaba a los caballos en las inmediaciones de la casa de Nahum, dio pie a que empezara a tomar cuerpo una leyenda, susurrada en voz baja.
Apartó la mano, y con los dientes apretados aguardó el impacto de la cópula -Empuja ahora, muchacho, y goza de mí para contento de tu corazón -murmuró en voz baja.
Cuatro o cinco veces había dado música al negro (que por solo él la daba), pareciéndole que, por donde se había de comenzar a desmoronar aquel edificio, había y debía ser por el negro; y no le salió vano su pensamiento, porque, llegándose una noche, como solía, a la puerta, comenzó a templar su guitarra, y sintió que el negro estaba ya atento; y, llegándose al quicio de la puerta, con voz baja, dijo: -¿Será posible, Luis, darme un poco de agua, que perezco de sed y no puedo cantar?
Detúvose un poco, estuvo atento, y vio entreabrir una puerta: llegóse á ella, y oyó una voz baja que dijo: sois por ventura Fabio?
Vamos todos a suplicalle.” Y así bajó del púlpito y encomendó a que muy devotamente suplicasen a Nuestro Señor tuviese por bien de perdonar a aquel pecador, y volverle en su salud y sano juicio, y lanzar dél el demonio, si Su Majestad había permitido que por su gran pecado en él entrase. Todos se hincaron de rodillas, y delante del altar con los clérigos comenzaban a cantar con voz baja una letanía.
Y después, tras el introito de una tos, volviendo a cobrar su sonrisa de viejo teólogo, marrulleó en voz baja, como si estuviese en el confesionario: —¿Me perdonaría el ilustre prócer, si le dijese que no he creído el cuento con que nos regaló hace un momento?
Tu mal siento, si bien en tu valor voy confiado, porque es el toque dél el sufrimiento. (Hablan en voz baja.) = (Salen DON JUAN y GERARDO .) (El PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN, GERARDO .) GERARDO .
Alrededor de esta capilla están las tumbas de los reyes, cuyas imágenes de piedra, con la mano en la empuñadura de la espada, parecen velar noche y día por el santuario, a cuya sombra descansan por toda una eternidad. ¡Adelante!, murmuró en voz baja, y quiso andar y no pudo.
Calló Sócrates y se produjo un largo silencio. Sócrates parecía ocupado con lo que acababa de decir; nosotros también lo estábamos, y Cebes y Simmias hablaban en voz baja.
Hasta el alcalde del Cabildo no pudo dominar su indigna- ción, y volviéndose hacia José Maní le dijo en voz baja: —Defiéndase, compañero, si no quiere que, cuando salga- mes, lo mate el pueblo á pedradas.
El Rey hizo otra pausa, y con la mirada recorrió la estancia, un salón oscuro, entarimado de nogal, con las paredes cubiertas de armas y de banderas, las banderas ganadas en la guerra de los siete años por aquellos viejos generales de memoria ya legendaria. Allá en un extremo conversaban en voz baja El Obispo de Urgel, Carlos Calderón y Diego Villadarias.