Ejemplos ?
Era rotundamente incapaz de aceptar la idea de que un principio tan sobrenatural y misterioso pudiera conducir a un final tan descabellado y prosaico. No quería volver a casa, y eché a andar sin rumbo, dejando atrás la ciudad.
ROSSELMANN.––El flechazo ha sido bueno, pero ¡ay de aquel que ha forzado este hombre a tentar a la Providencia! STAUFFACHER.––Volved en vos, Tell, levantaos; os habéis portado bravamente, y podéis volver a casa en libertad.
Una mañana, al volver a casa, encontré, al pasar por una de las habitaciones, a una muchacha de quince a diez y seis años, a la que nunca recordaba haber visto, cosiendo con el mayor afán.
Yo sentía la sinceridad y constancia de mi antigua niñera con todo mi corazón y le daba las gracias como podía, aunque no muy bien, pues me hablaba con los brazos alrededor de mi cuello. Aquella mañana tenía que volver a casa con ella y Barkis en el carro.
No puedo decir la impresión que aquella mirada me produjo ni por qué me resultó imposible olvidarla; pero no pude, y después, cuando pensaba en ella, hubiera preferido recordarla adornada, como antes, de inocente belleza. Su recuerdo me perseguía al volver a casa.
Le he visto muchas veces volver a casa a comer llorando a lágrima viva y declarando que ya sólo le quedaba it a la cárcel, y después acostarse calculando lo que costaría poner un mirador a las ventanas del primer piso en el caso de que «surgiera algo», como era su expresión favorita.
¿Se encuentra mal¿ dijo el cura, adelantándose con aire preocupado; ¿la digestión, tal vez? Tiene que volver a casa, Madame Bovary, tomar un poco de té; eso la pondrá bien, o un vaso de agua fresca con azúcar terciado.
-No -dijo Traddles-; para eso no. Es la primera vez que oigo hablar de ello. Y pensaba que quizá me propusiera firmarlo al volver a casa. Es para otra cosa.
El viento había desaparecido al anochecer y empezaba a nevar; caían gruesos copos, que cubrían ya todo el suelo, y los ruidos se habían apagado como si las calles estuvieran cubiertas de pluma. El camino más corto para volver a casa (y naturalmente el que tomé en semejante noche) fue el de la travesía de San Martín.
Cosía trajes para los pobres; enviaba leña a las mujeres de parto; y Carlos, un día al volver a casa, encontró en la cocina a tres golfillos sentados a la mesa tomándose una sopa.
Aproximándose la hora del desayuno, dispusímonos a volver a casa; mas antes quiso mi tío darse una vuelta por la Iglesia, por si sus hijas habían vestido ya al santo.
Para evitarle gastos, su madre le mandaba cada semana, por el recadero, un trozo de ternera asada al horno, con lo que comía a mediodía cuando volvía del hospital dando patadas a la pared. Después había que salir corriendo para las lecciones, al anfiteatro, al hospicio, y volver a casa recorriendo todas las calles.