volanta

Traducciones

volanta

SF
1. (Andes, Caribe) (= rueda) → large wheel
2. (Caribe) (= carro) → break
Ejemplos ?
Ciriaco vio que en la manada había unos potros en edad de ser amansados y, con asentimiento del patrón, domó él mismo algunos para andar; amansó uno para la silla de la señora, y una yunta para la volanta: todo sin bulla, como en momentos perdidos, y bien, sin tropiezo, sin accidente, sin cortar una huasca, se puede decir, y saliendo todos los animales sin una lastimadura, sin mañas, y tan mansos que parecían agradecidos de que los hubieran tratado con buen modo.
¡Zás!, de repente, un barquinazo terrible; el caballo hundido hasta el encuentro; la rueda derecha hasta el eje en el barro, y la izquierda levantada; cruje el elástico; salta el lodo, entra el agua en la volanta, y si las leyes del equilibrio fueran ciertas ¡qué beso hubiera ido a dar el liviano vehículo, al carro volcado!, pero una palabra enérgica, un latigazo envolvedor y picante, un esfuerzo soberbio del rosillo, imponen a las reglas físicas, antes que hayan tenido tiempo de afirmar su imperio, un terrible mentís, y sigue rodando y balanceando, con campestre elegancia, su capota embarrada, el tílbury victorioso.
Blancas como palomas. ¿Sabe? ¡Qué pintura para la volanta de la Niña! Y aquí fue donde la Niña Chole no quiso oír más -¡Yo deseo verlas!
¿Volver a la ciudad? ¿Buscar alguna volanta? De antemano sabía que nunca encontraría cochero que tuviera los caballos necesarios para hacer veinticinco leguas.
Siguieron el camino, que serpenteaba sumiso como un lazo tirado a descuido. Tras la volanta, un compacto pelotón de polvo oscilaba.
Faltarían dos leguas para yegar, cuando uno de los mancarrones de la volanta dentró a bailar —desparejo y jue opinión del cochero darles más bien un resueyo y seguir pegándole al día siguiente con la fresca.
Tomó una volanta, hecho extraordinario que pareció llamar la atención de los cinco o seis personajes más copetudos de la localidad: el intendente, el comisario, el médico y otros, reunidos, como siempre, antes de irse a comer, en la casa de negocio de Irrazueta y compañía.
«¡Sandalio! tome esa carretilla, y se va a la alfalfa, a buscar pasto para la yunta de la volanta. -Patrón, contestó Sandalio, esbozando una sonrisa respetuosamente irónica, yo me he conchabado para peón de campo; no para trabajos de a pie.
¡Qué volanta linda! Sí, pero debía costar un platal, y don Ambrosio no era capitalista. Vivía, a gatas, con la libreta siempre a medio saldar, y realmente, soñar con tener una americana como la de don Julián, hubiera sido, en su situación, descabellado.
Le llamaba también la atención a don Ambrosio un vagón, con que cruzaban a veces unos ingleses, cerca de su casa; un día, los veía llevar en él carga para la estación; otro día, venían con un cargamento de visitas, hombres y mujeres, como en la mejor volanta.
Como al carricoche, el nombre de volanta mal le hubiera sentado, pues no era tílbury, americana, breque, ni nada parecido, don Ambrosio, en la duda, lo llamó modestamente una jardinera, a pesar de sus cuatro ruedas.
Desde que la tiene en su poder, don Ambrosio le ha pegado fuerte a la jardinera, y cada año, cuando no cada mes, tiene que cambiarle alguna pieza rota o gastada, por una nueva; de tal modo que casi ha desaparecido la volanta primitiva.