viudedad


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viudedad

1. s. f. Estado civil del viudo o de la viuda.
2. ECONOMÍA Pensión o haber pasivo que recibe el cónyuge de un trabajador y que dura el tiempo que permanece en dicho estado civil.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

viudedad

 
f. Pensión o haber pasivo que percibe el cónyuge superviviente mientras permanezca en estado de viudez.
Viudez.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Sinónimos
Traducciones

viudedad

vedovanza

viudedad

viuvez

viudedad

الترمل

viudedad

SF
1. (= viudez) [de mujer] → widowhood; [de hombre] → widowerhood
2. (Fin) → widow's pension
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
El Tesoro público entregará estas sumas al tesorero de la Corona. Art. 24. La Reina tendrá de viudedad 400.000 pesos fuertes, que se pagarán del tesoro de la Corona. Art. 25.
Tus sobrinas, que están bien casadas, y tu cuñada, que disfruta de una pingüe viudedad, no necesitan del caudal del conde, y si por él ansían, es sólo por ambición y por el mal deseo de que no lo disfrutes tú.
¿Para qué? La viuda ya no necesitaba viudedad; se había muerto antes de que le arreglaran el expediente. Nuestros covachuelistas jamás cuentan con eso, con que somos mortales.
Si a esto unimos que por el falso concepto de la vida característico en el 90% de los Funcionarios tanto en las Instituciones de Gestión y Trámite de Expedientes, como Sanitarias de la Seguridad Social, se las desposeyó del humano sentimiento inherente a toda labor social reteniendo al máximo los primeros la tramitación de los Expedientes de la índole que fueran, Jubilación, Viudedad, Orfandad etc., y considerando los otros (los médicos) que su humana labor médica se limitase a la simple recepción del paciente en su despacho-clínica para preguntarle qué le pasa y, sin previo reconocimiento, limitarse a recetarle acertada o equivocadamente.
¡Yo soy tan Condesa como la del Montijo y tan Generala como la del Espartero! -Tienes razón; pero hasta que el Gobierno resuelva en este sentido el expediente de tu viudedad, seguiremos siendo muy pobres...
Negábale todos los días don Jorge que tuviese hechura la concesión de la viudedad, lo cual sacaba de sus casillas a la guipuzcoana; pero a renglón seguido la invitaba a sentarse en la alcoba, y le decía que, ya que no con los títulos de General ni de Conde, había oído citar varias veces en la guerra civil al cabecilla Barbastro como uno de los jefes carlistas más valientes y distinguidos y de sentimientos más humanos y caballerescos...
¡Asesina a la buena señora, hablándole de insolvencia y de ejecución, al pedirle los honorarios, para ver si la obligaba a darle la mano de usted; y ahora quiere comprar esa misma mano con el dinero que le sacó por haber perdido el asunto de la viudedad...
Todos mis recursos y todo el porvenir de mi hija estaban cifrados en esa viudedad, que con el tiempo hubiera sido la orfandad de Angustias...
Toda persona tiene derecho a la seguridad social como servicio público de carácter no lucrativo, que garantice la salud y asegure protección en contingencias de maternidad, paternidad, enfermedad, invalidez, enfermedades catastróficas, discapacidad, necesidades especiales, riesgos laborales, pérdida de empleo, desempleo, vejez, viudedad, orfandad, vivienda, cargas derivadas de la vida familiar y cualquier otra circunstancia de previsión social.
En 1611 concediose a la sevillana dona Jerónima Esquivel que profesase solemnemente en el monasterio de las descalzas de Lima, sin haber comprobado en forma su viudedad.
–Pero el amigo, así que él se repuso de la primera sorpresa, le hizo ver que casándose con la patrona le dejaba trece duros mensuales de viudedad, que de otro modo no aprovecharía nadie y se irían al Estado.
y ella por los trece duros de viudedad que le dejo.» Y cuentan que cuando Correíta se fue a su casa y se lo contó todo, como es natural, a su mujer, a Emilia, esta exclamó: «Pero ¡tú eres un majadero, Pepe!