vibrante


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vibrante

1. adj. Que vibra o hace vibrar.
2. Se aplica al discurso, espectáculo o acción que conmueven. electrizante
3. adj / s. f. LINGÜÍSTICA Se refiere al sonido consonántico que se articula mediante la vibración rápida de un órgano activo elástico que obstruye y permite el paso del aire la r y la rr son vibrantes.

vibrante

 
adj.-s. fon. Díc. de la articulación de un sonido oral consonántico, cuya emisión va acompañada de una serie rápida de aberturas y cierres del canal bucal al paso del aire espirado, y de la letra que lo representa: r, vibrante simple, y rr, vibrante múltiple.
Sinónimos

vibrante

adjetivo
sonoro, sonante, sonoroso.
Sonoroso se emplea en lenguaje literario, especialmente en poesía.

vibrante:

retumbantetembloroso, potente, resonante, vigoroso, vibratorio, vibrador, vibrátil,
Traducciones

vibrante

levendige

vibrante

най-различни

vibrante

充满活力

vibrante

充滿活力

vibrante

pulserende

vibrante

A. ADJ
1. (= que vibra) → vibrating
2. (Ling) → rolled, trilled
3. [voz] → ringing; [reunión] → exciting, lively
vibrante deringing with, vibrant with
B. SF (Ling) → vibrant

vibrante

a. vibrant.
Ejemplos ?
Todo, todo exactamente como siempre; el sol de fuego, el aire vibrante y solitario, los bananos inmóviles, el alambrado de postes muy gruesos y altos que pronto tendrá que cambiar...
Desde entonces, señores, me consagré por completo a la realización de este mandato, que en eco vibrante ha llegado de momento en momento de todos los ámbitos de la república y con toda modestia, pero en cumplimiento de mi deber, presento a la consideración pública - para que forme juicio sobre si he sabido interpretar y estar a la altura de tan importante misión - los amplios y honorables elementos que organicé en prosecución de esta reclamación de la patria, con todo el tino y prudencia que la situación requería en medio del más vivo espionaje y seguido en todos los momentos.
En su estilo vibrante, lleno de imágenes, Filartigas nos hablará de esos selectos espíritus que honran a nuestra colectividad mucho más de lo que nuestra colectividad se merece.
Y bien; esta precisión final del vibrante texto alto-peruano no existe en las piezas congéneres a que referimos, ni por la letra ni en la intención presumible de sus redactores.
Ya había traspuesto el umbral, cuando volviendo resuelta sobre sus pasos entró de nuevo en la estancia y cerró la puerta. Con la voz vibrante de cólera y embargada de pena, me dijo: —Ha cometido usted la mayor de sus infamias enamorando a esa niña.
Fénix que anuncio mi muerte, vengo en mis patrios hogares de mis últimos cantares el son postrero a exhalar; vengo en un esfuerzo fuerte de mis postrimeros bríos, a saludar a los míos, a hacerme ora vez al mar. A mí, a través de las olas, llegó el cántico vibrante de una pléyade brillante de nuevos poetas mil.
El resumen de todas las blancuras en Ella se anidó como una garza, y fue en sus manos un sopor de ovejas y fue lienzo de altar en su garganta. Vibrante, musical y suspendida sobre la tierra, su blancura se alza y va floreando sobre el alto cielo como un arbusto bajo la nevada.
Y en este vibrante cauce de ideas, no podemos menos de aplaudir la capacidad de previsión de la Administración Pública, en materia hacendaria, para evitar los trastornos provocados por causas que podemos llamar inevitables y por motivos que son, en cualquier sentido, visibles artificios puestos en juego por los enemigos de nuestro país que quisieran vernos aún, en la oprobiosa situación de habitantes de una colonia del imperialismo extranjero.
Y envueltos en la música, a veces cadenciosa, a veces estridente; en momentos monótona y en otros vibrante y meliflua, se iniciaba la danza que duraba horas y horas, hasta que reconfortados, nuevamente aparecían los grandes poetas que al ritmo de la melodía cantaban, primero ellos; luego acompañados por todos los que participaban en el MITOTE o gran fiesta.
¡Sin duda, aquellos mismos que Calixto evocaba mientras el órgano emitía su vibrante raudal de sonidos plenos y graves, y en el altar, una grácil figura, envuelta en blancas sedas que la prolongaban místicamente, articulaba un «sí» apagado, un «sí» blanco también!
Una nube de incienso que se desenvolvía en ondas azuladas llenó el ámbito de la iglesia. Las campanas repicaron con un sonido vibrante y maese Pérez puso sus crispadas manos sobre las teclas del órgano.
Era la mañanita una de las que el calumniado clima de Madrid ofrece como regalo divino: bañada de luz, de una luz rubia, vibrante, reanimadora; una luz que parecía que nunca iba a acabarse, que nunca transigiría con la noche.