Ejemplos ?
A1 entrar, Ernma se sintió envuelta por un aire cálido, mezcla de perfume de flores y de buena ropa blanca, del aroma de las viandas y del olor de las trufas.
10 En su mano está el alma de todo viviente, Y el espíritu de toda carne humana. 11 Ciertamente el oído distingue las palabras, Y el paladar gusta las viandas.
Estas costosas viandas, estos ricos vinos, estos primorosos tejidos y resplandecientes joyas representaban el rescate de muchas vidas.
Recordó aquella leyenda: Un día que había salido con un cesto lleno de viandas, la detuvo su esposo, que vigilaba estrechamente sus pasos, y le preguntó, airado, qué llevaba.
En un lujoso aposento y en derredor de una mesa de viandas exquisitas y ricos vinos cubierta, sentada entre don Gonzalo y don Juan está Sirena, para ambos encantadora, mas para don Juan risueña.
También ellos, ¡qué demontre!, aunque canes humildes hechos a desperdicios, tenían su paladar, y, a veces, entre las piltrafas de polvero de los grandes hoteles y de los cafés de rumbo, algún hallazgo de viandas ricas les había afinado el gusto, haciéndoles relamerse.
Esto es llano como el cigarro de Guadalupe, «yo fumo y usted escupe», o como el festín de Daroca, en que el pueblo puso las viandas y el alcalde la boca.
Su pobre madre sola la manda todas las tardes a la majada. Lleva ropillas, lleva viandas y trae jugosa leche de cabras. Vuelve de noche, porque es muy larga, porque es muy dura la caminada para un asnillo que apenas anda, ¡Qué miedo lleva!
Hacían viandas de su carne, bebidas de su sangre, de los huesos flautas para animar los festines, con los dientes amuletos para los combates, con los cráneos vasos para las libaciones, con los cabellos cascos y hondas, y con la piel tambores para amedrentar a los enemigos.
Se les daría, un jornal diario de diez pesos, al baqueano, y seis a los otros, quedando a cuenta de los herederos, la alimentación y estancia donde fuera posible procurarla bajo techado. Cargaron los indios con los paquetes de ropas y de viandas, Buraic, estaba exento de la servidumbre porteadora.
Y vació las salas de sofás y alfombras y cambio las galas por vagar de sombras. Y la mesa engorme de viandas y vinos convirtió en deforme residuo de espinos.
De los monjes y abad bien acogido Rinaldo fue, y por ellos saber quiso (después de que hubo el vientre complacido con viandas gratas y excelente guiso) cómo es que en aquel término escondido de aventuras se pueda hallar aviso, con que se logre en hecho de su gremio mostrarse el merecer oprobio o premio.