viajero

(redireccionado de viajera)
También se encuentra en: Sinónimos.

viajero, a

1. adj./ s. Que viaja tiene un amigo que es muy viajero, siempre anda de un lado para otro. viajador
2. adj. Que está relacionado con los viajes tiene mucho afán viajero.
3. s. Persona que relata viajes.

viajero, -ra

 
adj. Que viaja.
m. f. Persona que hace un viaje, esp. largo.

viajero, -ra

(bia'xeɾo, -ɾa)
abreviación
que realiza viajes Tenía un alma viajera y aventurera.

viajero, -ra


sustantivo masculino-femenino
1. persona que realiza un viaje largo El hotel recibía viajeros de todas partes del mundo.
2. persona que utiliza un medio de transporte los viajeros del tren
Sinónimos

viajero

, viajera
sustantivo
pasajero, turista, trotamundos.
Viajero se dice especialmente si viaja por mar. Pasajero designa toda persona que va en un vehículo, especialmente un avión o un barco. Turista es el que viaja por placer. Trotamundos es el que viaja mucho.
Traducciones

viajero

cestovatel, jezdec

viajero

rejsende, rytter

viajero

matkailija, ratsastaja

viajero

jahač, putnik

viajero

乗り手, 旅行者

viajero

여행자, 타는 사람

viajero

resenär, ryttare

viajero

ผู้เดินทาง, ผู้ขับขี่

viajero

binici, yolcu

viajero

khách du lịch, người cưỡi, người lái

viajero

旅行者

viajero

הנוסע

viajero

/a
A. ADJtravelling, traveling (EEUU) (Zool) → migratory
B. SM/F (gen) → traveller, traveler (EEUU); (= pasajero) → passenger
¡señores viajeros, al tren!will passengers kindly board the train!, all aboard!
Ejemplos ?
Hasta comienzos del siglo XX los maragatos se caracterizaron por utilizar una vestimenta que les era típica, practicar la covada y, siendo una población emprendora y viajera, recorrer con carromatos el oeste y el centro de España, vendiendo principalmente productos artesanales que realizaban en su comarca, en especial, en poblaciones tales como Astorga, Brazuelo, Castrillo de los Polvazares, Lucillo, Santa Colomba de Somoza, Santiago Millas y Val de San Lorenzo.
Allí, después de que los explotadores extranjeros abandonaron el Distrito Aurífero, dejando como tara la psicosis de la mina, ha comenzado a renacer el aliento musical de la espiga y a multiplicarse el grano más codiciado por su calidad, sabor y aroma, el café de Zaruma; tanto como la impresión que se siente del incesante cruzar del polen a través de la ala viajera, para hacerse semilla nueva de variadas producciones en las estribaciones y riberas de sus ríos.
-respondió el duque contemplándola admirado.- ¡Oh! Jamás la túnica de la viajera cubrió un cuerpo tan gentil. — ¡Gracias, mi bello caballero!
En buen hora vengas, viajera nocturna, Que el mundo en silencio visitando vas, Esposa que viene constante a la urna Que guarda los restos del bien que amó más.
Una música jamás oída resonó en los aires, y a poco en la pampa, en la orilla derecha del arroyo que bañaba la aldea, apareció la tribu entera de los Incas inmigrantes, pueblo multicolor en que el oro, las plumas raras, las joyas magníficas y las armas poderosas resplandecían como en un incendio magnífico. Aquel lugar en que la tribu viajera se detuvo se llamó Josco, el centro.
Valentín Beleño sudaba y cojeaba. La viajera, animosa, andaba al paso largo e igual de una mujer bien formada, que calza holgadamente y usa ropa corta.
Esperad y la contemplareis al primer rayo de la solitaria viajera de la noche; esperad y conoceréis a Siannah, la prometida del poderoso Tippot-Dheli, la amante de su hermano, la virgen a quien los poetas de su nación comparan a la sonrisa de Bermach, que lucio sobre el mundo cuando este salió de sus manos; sonrisa celeste, primera aurora de los orbes.
El día comenzaba a teñir de rosa las últimas cimas de Tacora, que hacía tiempo había dejado atrás; las estrellas habían desaparecido, y la luna palidecía, recostada como una viajera cansada en las profundidades del espacio.
La casualidad había colocado allí un laurel magnífico, ya añoso, de los que parecen regados con sangre, aunque sólo los riegue el agua de la lluvia. El laurel disipó las últimas dudas de la bella viajera.
No sabré decir más sino que una mañana al visitar don Antonio su jardinillo se encontró con la viajera, y al pie de ella un talego de a mil duros con un billete sin firma, en que se le pedía cristianamente un perdón que él acordó, con tanta mejor voluntad cuanto que le caían de las nubes muy relucientes monedas.
Ella dirá: –¿Cómo era? ¿Cruzará ignotos países y cual tú, sombra viajera, tendrá los cabellos grises? Yo, entre tanto, junto al mar, esperaré tu venida y en un eterno esperar se me pasará la vida.
La animosidad con que pensamos en esta viajera odiada y deseada a la vez, que ha de llegar puntualmente cuando suene su hora, es producto, en gran parte, de un error.