vero

(redireccionado de veros)
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vero

(Del lat. verus, verdadero.)
1. s. m. Piel de marta cebellina, que se usa en peletería.
2. HERÁLDICA Forro heráldico representado por figuras de campanas opuestas por las bocas combinando un metal y un color.

vero

 
m. Marta.
m. pl. blas. Esmaltes que cubren el escudo en forma de campanillas alternadas, unas de plata y otras de azur, con las bocas opuestas.
Ejemplos ?
Con esta resolución, piqué, en las promesas cierto del lacayo, y llegué aquí, prometiéndome, con veros, pronósticos venturosos a mi historia; cuando vemos pasar el coche ¡qué dicha!
Volvió en sí Marco Antonio y al momento conoció a don Rafael, y, abrazándole estrechamente y besándole en el rostro, le dijo: -Ahora digo, hermano y señor mío, que la suma alegría que he recebido en veros no puede traer menos descuento que un pesar grandísimo; pues se dice que tras el gusto se sigue la tristeza; pero yo daré por bien empleada cualquiera que me viniere, a trueco de haber gustado del contento de veros.
También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar.
20. Por este motivo os llamé para veros y hablaros, pues precisamente por la esperanza de Israel llevo yo estas cadenas.» 21. Ellos le respondieron: «Nosotros no hemos recibido de Judea ninguna carta que nos hable de ti, ni ninguno de los hermanos llegados aquí nos ha referido o hablado nada malo de ti.
Es, en efecto, materia de envidia la ventaja que ofrece el veros aparecer siempre ricamente vestidos en los más espléndidos saraos, y al mismo tiempo el veros precisados a hacer un estudio continuo de una multitud de excelentes poetas, principalmente de Homero, el más grande y más divino de todos, y no sólo aprender los versos, sino también penetrar su sentido.
( El CONDE escucha a ANARDA ) Y si os pretendéis vengar, con eso, de mi desden, sabed que el no querer bien no ofende, ni obliga a amar; que inclinar o no inclinar sólo lo puede el amor. Y si el veros tan señor esfuerza vuestra malicia, el Rey sabe hacer justicia, y yo sé tener valor.
Algunos años más tarde me encontré, en casa de unos amigos, con un hombre de letras que me dijo: “Tengo aquí a una persona que devora vuestros relatos y que se sentiría muy contento de veros.
No tiene amor quien no intenta, ni valor quien no se humana; mientras casáis vuestra hermana, haced de vuestra edad cuenta. Seis mil ducados de renta desean, y con razón, veros en su posesión.
Don Juan, con el deseo que tenía de verla, se asomó a la puerta tanto cuanto pudo entrar la cabeza, y al punto la lumbre de los diamantes dio en los ojos de la que lloraba, y, alzándolos, dijo: -Entrad, señor duque, entrad; ¿para qué me queréis dar con tanta escaseza el bien de vuestra vista? A esto dijo don Antonio: -Aquí, señora, no hay ningún duque que se escuse de veros.
Algunos trabajos he pasado en esta mi demanda, todos los cuales los juzgo y tengo por descanso, con el descuento que han traído de veros; que, puesto que estéis de la manera que estáis, si fuere Dios servido de llevaros désta a mejor vida, con hacer lo que debéis a quien sois antes de la partida, me juzgaré por más que dichosa, prometiéndoos, como os prometo, de darme tal vida después de vuestra muerte, que bien poco tiempo se pase sin que os siga en esta última y forzosa jornada.
El otro testigo buscado por el Agente consular era Fuensanto del Valle, natural de Córdoba, honradísimo mercader, de ánimo alegre, que conservaba en la larguísima estancia tan lejos de su Patria, el decir y el pensar de los cordubenses: -Chaveítas míos -dijo-, me es muy agradable veros, porque, aunque no habéis nacido en Córdoba, sois españoles y por eso os quiero.
Entre los varios señores y famosos caballeros que le acompañan, descuella por lo galán y lo apuesto el joven marqués del Vasto, armado de azules veros, con blancas y azules plumas, gallardas alas del yelmo.