verdor

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verdor

1. adj./ s. Color verde intenso de las plantas.
2. s. m. Aspecto vigoroso de las plantas u otras cosas envidio el verdor de tu jardín. vigor
3. Edad que está entre la niñez y la madurez. juventud

verdor

 
m. Color verde vivo de las plantas.
Color verde.
fig.Vigor, lozanía.
fig.Edad de la mocedad.

verdor

(beɾ'ðoɾ)
sustantivo masculino
1. botánica plantas que manifiestan color verde intenso en su estado sano el verdor del jardín
2. vejez juventud de la persona el verdor de la vida
Sinónimos

verdor

sustantivo masculino
1 verdura (color de planta).
Traducciones

verdor

verde

verdor

verde

verdor

verdor

SM
1. (= color) → greenness
2. (Bot) → verdure
3. (anticuado) (= juventud) → youth
Ejemplos ?
De su temprana edad en los verdores Diez estíos le dio Naturaleza Cuando, a vista de tres embajadores, Quiso mostrar su brío y su destreza.
¿Qué sierpe ha deslizado entre mis flores Con la nocturna sombra ocultamente, Que marchita sus plácidos verdores Con hálito feroz y pestilente?...
Estas ideas la confortaron. El campo presentábase a su vista como acicalado con nunca por ella vistos verdores. ¡Cuán bella destacábase, como arropada por algunos árboles, la huerta del Breñas, con sus arriates cubiertos de flores, con el parral que sombreaba la planicie!
Algunos días de verano, unos rayos de sol entraban hasta la bodega, nada más que media horita, y entonces el pequeño se calentaba al sol y miraba cómo se transparentaba la sangre en sus flacos dedos, que mantenía levantados delante el rostro, diciendo: «Sí, hoy he podido salir». Sabía del bosque y de sus bellísimos verdores primaverales, sólo porque el hijo del vecino le traía la primera rama de haya.
La luna inundábalo todo con su luz serena y pálida; apenas algún que otro lucero brillaba en el tranquilo horizonte en que resbalaban lentamente algunas nubes; dormía todo inmóvil y silencioso en el monte; el lagar de los «Mimbrales» fulgía como de marfil y como engarzado entre las flotantes ramas de dos copudísimos algarrobos; los olivos y los almendros manchaban las empinadas laderas con sus tonos oscuros, y con sus claros verdores las apiñadas chumberas, que circuían el bien encalado edificio; la solemne quietud no era turbada más que de tarde en tarde por el ladrido de los perros, leales y avisados guardadores de los cercanos caseríos.
Los campesinos se cubren la cabeza con una punta de la ruana, y la bayeta, colorada o amarilla de los forros, resalta entre los verdores como floración carnavalesca de un sueño febril.
Para no olvidarse de las formas y colores del mundo, que tenía grabado en la imaginación como un infinito museo, don Jorge pedía noticias de continuo a su mujer y a sus hijos: ante todo de ellos mismos, de los cabellos de la dominante, del bozo que le había apuntado al chico... de la primera cana de la madre. Después noticias del cielo, de los celajes, de los verdores de la primavera... «¡Oh!
ALAS Vagando en mis paisajes interiores —Ícaro oprimido— descubrí los parajes de mi aurora donde triste mi seca primavera despojada se hallaba de su aroma y hundido en el olvido de mi olvido —corredores sin fin— derretí la frialdad de las murallas y en ardores sumergido fecundé las estepas de su alcoba… Y las puertas abrieron sus verdores y un soplo me lanzó sobre otras eras...
mejor sonriendo la ironía desnuda de cada día hoja... voy palideciendo mis verdores de árbol entre armonías de hachas concluyendo mi sed...
la tierra que nos alza multitudes de espigares y verdores cuando apresa nuestros cuerpos engreídos en la loca vanidad de su esquema fugitivo y a cada olvido nos enyedra la memoria colectiva delirando por mañanas prometidas en la creída eternidad del sufrimiento vuelta arcilla envuelta, regresando a lo que era.
Y surcando verdores insensibles, sagitario en los desiertos, fragüé mi floración de misticismo soñando en los vibrares de manos labradoras que esparcieran en promesas trashumantes, la simiente de oro… callada inquietud de espiga surgida a la luz en flor.
legado que hubo Currito el Mimbre al borde del tajo, sentóse en él, y triste y meditabundo pareció abismarse en la contemplación de la brillante perspectiva que extendíase a sus pies, en los risueños valles cubiertos, acá y acullá, de pomposos majuelos y de oscuros olivares, en el río que serpeaba, gris y resplandeciente, por entre las empinadas laderas, y en los alegres caseríos que blanqueaban por doquier como arropados entre florecientes verdores.