verónica

verónica

(Del bajo lat. veronix, -icis, resina olorosa.)
1. s. f. BOTÁNICA Planta herbácea escrofulariácea anual o vivaz de flores azules o coloreadas de blanco o púrpura y fruto capsular.
2. TAUROMAQUIA Lance que consiste en esperar el torero la acometida del toro, teniendo la capa extendida o abierta con ambas manos enfrente de la res.
NOTA: Nombre científico: (Veronica.)

verónica

 
f. bot. Planta de la familia escrofulariáceas (Veronica officinalis), de tallo rastrero.
por ext. Nombre común de las plantas de esta misma familia y género.
taur. Lance que consiste en esperar el torero la acometida del toro, teniendo la capa extendida con ambas manos enfrente de la res.

Verónica (Berníkē)

 
Matrona de Jerusalén no canonizada por la Iglesia. Según la leyenda, limpió el rostro sudoroso de Jesucristo cuando se dirigía al Calvario.
Traducciones

verónica

Veronica

verónica

véronique

verónica

Veronica, ederella

verónica

Veronica

verónica

Veronica

verónica

Veronica

verónica

فيرونيكا

verónica

Veronica

verónica

Вероника

verónica

Veronica

verónica

Veronica

verónica

ורוניקה

verónica

베로니카

verónica

Veronica

Verónica

SFVeronica

verónica

SF
1. (Bot) → veronica, speedwell
2. (Taur) a kind of pass with the cape
Ejemplos ?
De su boca inerte, caída, hilábanse las babas. La Duquesa acudió a limpiarlas, caritativa y excelsa como la Verónica. Volfani posó sobre nosotros sus tristes ojos mortales.
-Pero, en cambio, tiée mucho corazón y tiée mucha hombría de bien y es mu decente, sí, señó, mu decente, mu retedecente. -Sí, pero eso no es bastante, por vía e la Verónica.
El toro dejó sobre la arena al moribundo Pizí para arrojarse sobre el intruso fraile, quien con mucho desparpajo se quitó la capa blanca y se puso a sacarle suertes a la navarra, a la verónica y a la criolla, hasta cansar al bicho, dando así tiempo para que los chulos retirasen al malaventurado torero.
ue en un libro encuadernado en pergamino, impreso en caracteres góticos y taraceado por la polilla, donde encontré la leyenda de Berenice, a quien suelen llamar la Verónica.
Obsequiado en 1850 por el arzobispo Luna Pizarro, tiene la catedral, entre otros notables, un magnífico lienzo de Murillo, La Verónica, que los canónigos cuidan como un tesoro, y que ya en dos ocasiones han visto en peligro de ser robado.
Allí, la «Verónica», pía, de arrogante hermosura, cubierta de galas y preseas, recamado de oro el rico velo de blanquísimo tisú, turbado el semblante con lástima infinita, presentando el limpio pañuelo que ha de enjugar el sudor de la sacrosanta Faz.
Guardaban silencio los cómplices, hasta que, apremiados por las preguntas y la aflicción del señor Boina, bajaban la cabeza y contestaban como avergonzados: -Señor don Juan, Mosquera no se atreve a ponerse delante de usted... Tuvo la desgracia de echarle flores a Verónica..., y como usted ha sentenciado a expulsión al que en tal error incurriese...
Una joven tan virtuosa no deja fácilmente que se la apoderen de las potencias las pasiones desenfrenadas. Con las prácticas cristianas de Verónica..., pues, vamos, no puede ser.
Parece que el vinillo calentó de cascos a don Cristóbal Núñez Romero, que era uno de los que codiciaban los favores de la dama, porque parándose delante de un cuadro que representaba a la Verónica, exclamó en tono que lo oyeron todos los convidados: -Juro y rejuro que otra no será mi mujer sino doña Ana de Aguilar.
Los que cual Cristo hicieron la Vía-Dolorosa, apretaron el verso contra su roja herida, y es lienzo de Verónica la estrofa dolorida; ¡todo libro es purpúreo como sangrienta rosa!
-Pues se trata de que, con motivo de esa pasión que por usted siente la infeliz Verónica..., anda por ahí cada cuento y cada chisme y cada historia...
Luego que pasaron los primeros meses de luto y que hubo llenado fórmulas de etiqueta social, abandonó Verónica la casa de Lima, y fue con baúles y petacas a establecerse en una de las haciendas.