Ejemplos ?
Y tan abstraída estaba Rosario que no vio cómo se entreabría la puerta de la ventana y aparecía entre los hierros el semblante atezado y juvenil de Joseíto el Camarones.
Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz. "Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana; veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Mientras pronunciaba estas frases corrió a abrir la ventana y su marido, que la amaba, gritó: -Detente mi querida esposa, te doy permiso para que pidas lo que quieras.
La ventana daba paso a un torrente de rayos de sol que iluminaban alegremente la estancia, y a dos golondrinas que habíase posesionado de un viejo nidal situado en una de las vigas del techo, y las cuales, al acariciarse al borde del nido, habían hecho a Joseíto pensar más de una vez en la querida compañera.
Con la verdad en el pecho, vuela en busca del país de la verdad». El hermano mayor no se había acostado aún; asomado a la ventana, contemplaba cómo la niebla se levantaba de los prados.
Y de tal modo rectificó su negativa con una sonrisa, que momentos después decíale la vendedora a Juan el Alpargatero: -Jaga usté lo que vo le digo: arrímese usté esta misma noche a la ventana de Rosario, y que me dé ahora mismo un flato si no encomienza usté esta noche a salirse con su gusto.
Y el niño seguía en la ventana, mirando al exterior, y su hermanito leía en la cama, y su madre, los llamaba por sus nombres: -¡Anders y Hans Christian!
Con que hasta la vista, señoras, -y taconeando fuertemente en los ijares de su cabalgadura se alejó rápidamente de la entreabierta ventana.
-Pos lo que yo creo que tú debes jacer es dirte ahora mismito a dormir el berrinche, y no parecer por la ventana de Lola jasta que yo te vise el pasaporte.
Cuando el señor Cristóbal penetró al día siguiente en el pueblo jinete en su Careto, con las alforjas bien repletas de encargos y abierta la enorme sombrilla de seda roja para resguardarse del sol, variando el itinerario que tenía por costumbre seguir se dirigió hacia la calle donde Cloto vivía. «Puée que esté cosiendo en la ventana», pensó el señor Cristóbal.
-Pos lo que te digo, que me río yo del que inventó el furminante; que to lo he dejao yo ya más liso que tu pechera; que tu Lola está rabiando por verte de nuevo en su ventana, y que ahora mismito te voy a llevar allí, y que voy a decirle que me ha costao más trabajo llevarte, que trabajo costó la toma de los Castillejos.
Un día de primavera, su vecinito le trajo también flores del campo, y, entre ellas venía casualmente una con la raíz; por eso la plantaron en una maceta, que colocaron junto a la cama, al lado de la ventana.