vengador

(redireccionado de vengadores)

vengador, a

adj./ s. Que venga o se venga.

vengador, -ra

(benga'ðoɾ, -ɾa)
abreviación
1. persona que lleva a cabo una venganza La muerte de su enemigo no sosegó al vengador.
2. característica que es propio de quien venga odio vengador
Traducciones

vengador

vendicatore

vengador

المنتقم

vengador

复仇者

vengador

復仇者

vengador

Avenger

vengador

Avenger

vengador

보복

vengador

Avenger

vengador

A. ADJavenging
B. SM/Favenger
Ejemplos ?
Y nosotros, revolucionarios, no hagamos protestas que se borran y olvidan: ¡Venguemos a los hermanos! Venganza es hoy día igual a justicia. Seamos vengadores y seremos justos. Ya es tiempo ...
Yo desprecio sus furores; y aquí solo, sin señores, de pesadumbres ajeno, oigo el huracán sereno y canto al crujir del trueno mis amores.» «El albor de la mañana, en sus matices de rosa, me trae la imagen graciosa de mi maja sevillana, y en sus variados colores me pinta las lindas flores del suelo donde nací, donde inocente reí, donde primero sentí mis amores.» «Cuando la enemiga bala chilla medrosa a mi oído, ya mi contrario caído el alma rabioso ecsala. ¡Qué me importan vengadores cien fusiles matadores que amenacen mi cabeza!
Así mismo se dio a sus Cuerpos de Milicias la denominación de "Vengadores de la Costa" y se dictaron varios honores para los habitantes de estos tres pueblos.
Subieron las voces de boca en boca por la cuesta arriba, y en la plaza del Carmen dieron en los oídos de un alguacil; el cual, con dos corchetes, con más ligereza que si volara, se puso en el lugar de la pendencia, a tiempo que ya el herido estaba atravesado sobre su asno, y el de Lope asido, y Lope rodeado de más de veinte aguadores, que no le dejaban rodear, antes le brumaban las costillas de manera que más se pudiera temer de su vida que de la del herido, según menudeaban sobre él los puños y las varas aquellos vengadores de la ajena injuria.
¡Resistimos! "Nosotros somos los vengadores de la muerte. Nuestra estirpe no se extinguirá mientras haya luz en el lucero de la mañana" Popol Vuh Hermanos y hermanas.
MEDEA Ya murieron; bastante será tu tormento. JASÓN Dioses hay vengadores que te castigarán. MEDEA Ellos saben a quién debe imputarse todo.
MENELAO Se trata de una Divinidad terrible, pero exorable. ORESTES Y los furores vengadores de la sangre de mi madre. MENELAO ¿Cuándo comenzaste a ponerte furioso?
Venid a mí, despedazados torsos De estatuas inmortales: rotos himnos De Aleco, de Estesícoro y Simónides, Donde aún alienta el genio en cada sílaba; Dísticos vengadores de Tirteo, Que del duro Lacón el pecho inflaman En la feroz mesénica contienda; Y templen tal horror con dulce halago, El himno de Baquílides suavísimo, O la voz grave del anciano ascreo, O el canto pastoril siracusano, O un enjambre de abejas desprendidas De la hiblea antológica colmena.
Respecto al conato de ejecución, ya le tenemos explicado, y sólo agregaremos que quien manda lanzar el plomo contra huelguistas o manifestantes indefensos y pacíficos, se expone a que tarde o temprano le peguen un tiro, le claven un puñal o le arrojen una bomba. Justicieros y vengadores no nacen por generación espontánea; vienen de semillas arrojadas por los injustos y malvados.
luego el Meriñaque, aquel hombrecito pálido, rubio, de cara aniñada y de hechuras casi femeniles; aquél que él, no obstante su falta de decisión y de energías, había pensado intimidar ahuecando la voz y poniendo los ojos como si quisiera escupirlos de su cara; aquél que él había creído cualquier cosa al verlo tan modosito, tan suave, tan meticuloso, siempre tan atildado, tan fino, según confesión propia, llevaba en su conciencia los manes vengadores del Manga.
No fomentemos, pues, en nosotros mismos los sentimientos anodinos del guardador de serrallos, sino las pasiones formidables del hombre nacido para enjendrar a los futuros vengadores.
Compañías de francotiradores, bautizados con epítetos heroicos: Los Vengadores de la Derrota, Los Ciudadanos de la Tumba, Los Compañeros de la Muerte, aparecían a su vez con aspecto de facinerosos, capitaneados por antiguos almacenistas de paños o de cereales, convertidos en jefes gracias a su dinero —cuando no al tamaño de las guías de sus bigotes—, cargados de armas, de abrigos y de galones, que hablaban con voz campanuda, proyectaban planes de campaña y pretendían ser los únicos cimientos, en el único sostén de la Francia agonizante, cuyo peso moral gravitaba por entero sobre sus hombros de fanfarrones, a la vez que se mostraban temerosos de sus mismos soldados, gentes del bronce, muchos de ellos valientes, y también forajidos y truhanes.