Ejemplos ?
Predican sabios vates vengadora pelea, y sin saber su mal, al verles fracasados les juzgan impotentes, les niegan toda idea: «Pueden, sin recoger suspiros mendigados, cual se encabrita el búfalo que aspira la tormenta, saborear ahora males eternizados.» «De incienso embriagaremos al Fuerte porque alienta en lucha con los fieros serafines del Mal; cada farsante de estos sin ropa roja intenta detenernos.» Y escupen su desprecio mortal al desnudo que implora, de inmensidad indigente.
Tu gracia vengadora purifique sus errores y nunca los despojes de tu credo porque amaron la simiente sana sembrada por ti en alegorías, regada de metáforas y odas para resarcirla en tus templos de amor que impúdicos mercachifles escupieron.
Sin aludir directamente al talento que yo pueda tener para dirigir el rayo o la llama vengadora contra quienquiera que sea, puedo permitirme observar de pasada que mis más brillantes esperanzas están destruidas, que mi paz está destrozada y que todas mis alegrías se han agotado; que mi corazón no sé dónde está, y que ya no puedo llevar la cabeza alta ante mis semejantes.
Conviene que sufran, y que sufran también otros infelices: los carceleros. Conviene que el dolor absurdo remueva el fondo de las conciencias, y que se hinche siempre la ola vengadora».
Todos le escuchan respetuosamente, pues todos le veneraban como a discípulo de nuestro Señor Jesucristo; pero uno, llamado Abundancio, dijo que el Santo chocheaba por su ancianidad: mas él le avisó que por sí mismo experimentaría la verdad de su anuncio, y el suceso lo confirmó después, porque murió al filo de la vengadora espada de Leovigildo.
La Justicia comprada deja dormir la vengadora espada, sin que supla siquiera su venganza, con oro adormecida, el castigo del público desprecio; antes a aquel que el robo no enriquece, y a quien en vano la ocasión convida con risa infame lo apellidan necio: y lo que escapa a tan rapaces manos de mar y tierra la milicia sorbe, y hambriento enjambre de empleados vanos.
Y Traddles, sofocado por el camino, con los cabellos erizados como si acabara de encontrarse un aparecido, me tendió su carta y cogió la mía. Yo le miraba leer, y vi que sonreía al llegar a «lanzar el rayo o dirigir la llama vengadora».
VOLANTE Con el paso pétreo de tus lejanías se doblegó mi corazón hoguera y el humus de tus campos labrantíos se fue tornando languidez de flama que se enceniza para rehacerse urbana, vengadora Electra.
¡Y pensar que por bajo del bigote aún le revoloteaba la «vindicta pública, la espada vengadora de la ley, la acusación justa...», todas las palabrotas con que regalaba veinte años de presidio al primero que caía bajo su mirada iracunda de acusador!
De los enemigos del nombre cristiano; y de cómo éstos fueron perdonados por los bárbaros, por reverencia de Cristo, después de haber sido vencidos, en el saqueo y, destrucción de la ciudad Hijos de esta misma ciudad son los enemigos contra quienes hemos de defender la Ciudad de Dios, no obstante que muchos, abjurando sus errores, vienen a ser buenos ciudadanos; pero la mayor parte la manifiestan un odio inexorable y eficaz, mostrándose tan ingratos y desconocidos a los evidentes beneficios del Redentor, que en la actualidad no podrían mover contra ella sus maldicientes lenguas si cuando huían el cuello de la segur vengadora de su contrario no hallaran la vida, con que tanto se ensoberbecen, en sus sagrados templos.
Y como era hombre que entendía bien su interés y su conveniencia, pero que de almas sabía poco, jamás llegó a comprender ni a darse cuenta de las singulares transformaciones del alma de María Antonia, convertida de súbito de libre cortesana en austera penitente, y de austera penitente en algo a modo de vengadora y aterradora Furia.
Y tú, por el perdón purificada, levántate, alma mía. Y yo también al despuntar la aurora, y por el ancho mundo cantemos de la diestra vengadora el poder sin segundo.