Ejemplos ?
Cuanto a ti te da contento, cuanto a ti te pertenece, mi cariño al par merece, me contenta al par a mí. Yo amaré lo que tú ames, yo odiaré lo que aborrezcas, yo vendré cuando me llames aunque esté lejos de ti.
Universidad Nacional Autónoma de México: los Zapatistas te saludan. Universitarios y universitarias: No vendré yo a decirles lo que cuesta llevar ese nombre sobre el pecho.
Tres horas y media, creo que se justificaba, es la única vez que yo vendré aquí a plantear un documento tan importante como éste al que le hemos dedicado horas y horas de estudio, de pensar, de crear y de asentar ideas.
-Bueno, ahí tiene muchas golosinas: coma, y luego, acuéstese tranquila, que mañana vendré a peinarle esas greñas, y a ponerla muy guapa, para que asista a la misa, ¿eh?, siempre que tenga mucho, mucho juicio...
15 Mi boca publicará tu justicia Y tu salud todo el día, Aunque no sé el número de ellas. 16 Vendré á las valentías del Señor Jehová: Haré memoria de sola tu justicia.
Salmos 42 1 COMO el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¡Cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!
– ¡Todos fuera! – Muy bien. – Ahora son las siete –continuó mi tío, después de consultar su reloj–. Vendré a las ocho. ¿Estará listo?
-Al contrario, gracias a Dios. Mientras estés aquí, querido mío, yo vendré por lo menos a verte una vez por semana. Esta promesa me quitó un gran peso de encima; pero no era todo, pues Peggotty continuó: -Lo primero, Davy, voy a ir a casa de mi hermano a pasar quince días, el tiempo necesario para tranquilizarme y reponerme un poco, y ahora estoy pensando que quizá lo dejaran, como no lo necesitan mucho, venir allí conmigo.
¿Te vas a venir solita? -Eso ya lo veremos; si no me vengo mañana, me vendré pasao, y si no otro día, y si no, cuando tú quieras.
-como con finura sonríe la secretaria, mientras esboza su ironía. - Bueno, ni modo. Vendré mañana. - Diri-giéndose a la mujer que con burla le habla.
Acompañado de un hombre gordo que tenía las manos manchadas de sangre, observaba el chiquero. -Dentro de veinte o treinta días vendré por acá -decía el hombre-.
Después de haberme dejado mirar unos minutos, mi madrastra me dijo: »–Mi querido Pacheco, permaneced en esta puerta, y cuando llegue el instante oportuno vendré a avisaros.