venablo

(redireccionado de venablos)

venablo

(Del lat. venabulum.)
1. s. m. Lanza corta y arrojadiza.
2. echar venablos coloquial Prorrumpir en expresiones de enfado.

venablo

 
m. Lanza corta y arrojadiza.
Echar venablos.fig. Prorrumpir en expresiones de ira.
Traducciones

venablo

dart, javelin

venablo

SMdart
echar venablosto burst out angrily
Ejemplos ?
Recordaba, sin intención de hacerlo, las aventuras de sus primeros años: una mujer morena, vestida con pingajos multicolores, que le daba besos y mendrugos de pan; y un hombre esbelto, ágil, de mirada enérgica y semblante duro, que solía hablarle áspero y molerle los riñones con una vara; pero que con su mal genio y todo, andaba a pie leguas y leguas, mientras el chiquillo y su madre iban a lomos de Madroño, y destinaba al hijo la primera cucharada de sopa y echaba por la boca venablos y rayos por los ojos cuando alguien se metía con Curro.
Ninguno como Timbre para garbear en el potro más indómito; ninguno como él en el manejo de gerifaltes y halcones; ninguno, para disparar venablos y ballestas.
Entonces, la multitud se arrojaba a la plaza, no de otro modo que en nuestras insoportables y brutales novilladas, armada de palos, chuzos y venablos, y corría atropelladamente a matar al toro como podía; pero éste, que no siempre era del parecer de la plebe, sino que solía dar en llevar la contraria, era causa de que en estas ocasiones ocurrían no pocas desgracias.
Mas Aquileo permanecía entonces en las corvas naves que atraviesan el ponto, por estar irritado contra Agamemnón Atrida, pastor de hombres; su gente se solazaba en la playa tirando discos, venablos o flechas; los corceles comían loto y apio palustre cerca de los carros de los capitanes que permanecían enfundados en las tiendas, y los guerreros, echando de menos a su jefe, caro a Ares, discurrían por el campamento y no peleaban.
Como el melenudo león a quien alejan del establo los canes y los hombres con gritos y venablos, siente que el corazón audaz se le encoge y abandona de mala gana al redil; de la misma suerte apartábase de Patroclo el rubio Menelao; quien, al juntarse con sus amigos, se detuvo, volvió la cara a los teucros y buscó con los ojos al gran Ayante, hijo de Telamón.
De él estaba intensamente aquejado el truculento autor del Apéndice a la Gaceta de Cádiz, cuando concitó al pueblo gaditano á que se armase de puñales, no para acometer á los enemigos que tiene al frente, sino para clavárselos al corazon á sus mismos hermanos. :::¡Jupiter! lanza rayos y venablos. :::Si esto es ser santo, vale mas ser diablos.
Este acogotó seis ciervos El solo en una mañana, Aquel mató un jabalí De doce arrobas y largas. Aquel usa unos venablos De tres pantas, que no faltan Jamás al tiro, y de un golpe Con la rés mas recia acaban.
Como los canes y pastores ahuyentan del boíl a un tostado león, y vigilando toda la noche, no le dejan llegar a los pingües bueyes; y el león, ávido de carne, acomete furioso y nada consigue, porque caen sobre él multitud de venablos arrojados por robustas manos y encendidas teas que le dan miedo, y cuando empieza a clarear el día se marcha la fiera con ánimo afligido; así Ayante se alejaba entonces de los teucros, contrariado y con el corazón entristecido, porque temía mucho por las naves aqueas.
Como un jabalí o un león se revuelve, orgulloso de su fuerza, entre perros y cazadores que agrupados le tiran muchos venablos —la fiera no siente en su ánimo audaz ni temor ni espanto, y su propio valor la mata—, y va de un lado a otro, probando, y se apartan aquéllos hacia los que se dirige; de igual modo agitábase Héctor entre la turba y exhortaba a sus compañeros a pasar el foso.
Artículo 11°: Para no dejar dudas sobre cuáles sean objetos o artículos llamados de contrabando de guerra, se declara como tales: 1°) la artillería, morteros, obuses, pedreros, mosquetes, fusiles, rifles, carabinas, trabucos, pistolas, picas, espadas, sables, lanzas, venablos...
Como se aleja del establo un león, después de irritar a los canes y a los hombres que, vigilando toda la noche, no le han dejado comer los pingües bueyes —el animal, ávido de carne, acometía, pero nada consiguió porque audaces manos le arrojaron muchos venablos y teas encendidas que le hicieron temer, aunque estaba enfierecido—; y al despuntar la aurora, se va con el corazón afligido: de tan mala gana, Menelao, valiente en la pelea, se apartaba de Patroclo; porque sentía gran temor de que los aqueos, vencidos por el fuerte miedo, lo dejaran y fuera presa de los enemigos.
En seguida sacudió con su curvo hocico los venablos, de sangre teñidos, y a él, tembloroso y la seguridad buscando, el sangriento jabalí le sigue y enteros bajo la ingle los dientes 715 le hunde y en la rubia arena, moribundo, lo dejó tendido.