Ejemplos ?
-Pues ven conmigo y formemos el proverbio haciendo ver que un hombre honrado puede ir a cenar a casa de otro hombre honrado sin que se lo hayan rogado.
He aquí que hemos visto una gran montaña, pero en donde está se ven precipicios; se eleva a gran altura: es tan alta que sobrepasa a todas las montañas.
-¿Y qué es lo que usté cree que puea pasar? -Pos como yo soy, de los que no creen más que lo que ven... -¿Y usté qué ha sío lo que ha visto?
Estuvo en poco que entablasen pleito o reclamasen indemnización... -Y ahora que ven a su hijo en los altares, ¿qué dicen? Será curioso.
Al acercarse la medianoche, envolviendo rápidamente al niño en pieles tibias, descalzo y todo, lo arrebató como una presa, mientras le repetía al oído: -¡Ven, que ha nacido Dios y te está llamando!
¡Ve corriendo y llama al doctor Sánchez! ¡Mi mamá se muere! Ven, espera, ayúdame a llevarla al sofá de la sala... ¿No ves que se está cayendo?
Con esto pudimos desentendernos de un hecho tan grave y revelador del estado del progreso del país; pero, en verdad, deficiencias y vicios considerables en el censo no se ven y sus cifras continúan manifestando que la población no aumenta por lo menos en el grado que corresponde a un pueblo que prospera.
Entre estos gastos se ven los de la conducción de oficiales y artesanos de los que dispusieron el Gobierno de Chile y el de Buenos Aires, que deben abonarlos; de estas cantidades se pagarán dos mil pesos fuertes al coronel Joel Robert Poinsett vecino de Charlestown en Sud Carolina, los que deberán entrar en mis bienes, caso de haberse cubierto antes de mis fondos.
-Vamos, caballeros -dijo el señor Curro el Velones, haciendo entrar su encanecida cabeza a modo de cuña entre las de los que discutían de modo tan mesurado-, que la cosa no se lo merece, que en eso de valentía hay sus más y sus menos, y hombres conozco yo a los que se les encoge el corazón si oyen maullar a un minino, y aluego si se ven en un aprieto jarrean muchísimo, pero que muchísimo más que puée jacerlo un piquete.
¡Oh muerte! Ven callada, como sueles venir en la saeta; no en la tonante máquina preñada de fuego y de rumor; que no es mi puerta de doblados metales fabricada.
Ya, dulce amigo, huyo y me retiro de cuanto simple amé: rompí los lazos; ven y sabrás al alto fin que aspiro antes que el tiempo muera en nuestros brazos.
¿Iré yo más aprisa?”, dijo la serpiente al sapo. “Ven aquí aprisa”, añadió; entonces el sapo fue tragado por Blanca Víbora. Desde entonces las serpientes toman como alimento; se comen ahora a los sapos.