vello


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vello

(Del lat. villus.)
1. s. m. ANATOMÍA Conjunto de pelos cortos y finos que cubren algunas partes del cuerpo humano tiene bastante vello en las piernas.
2. BOTÁNICA Pelusilla blanca que cubre algunas frutas o plantas dándoles un aspecto aterciopelado.

vello

 
m. Pelo corto y suave que nace en algunas partes del cuerpo humano.

vello

('beʎo)
sustantivo masculino
1. pelo corto y suave que crece en algunas de sus partes El bello de su brazo era finísimo, casi imperceptible.
2. pelusa corta y suave de ciertas plantas y frutos el vello del durazno o melocotón
Sinónimos

vello

sustantivo masculino
lanosidad, pelo, pelusa, tomento, pelusilla.
Todos ellos se aplican gralte. al vello de las frutas y plantas; con menos frecuencia al vello del cuerpo humano.
Traducciones

vello

Haar

vello

cheveux

vello

cabelo

vello

włosy

vello

коса

vello

头发

vello

頭髮

vello

vlasy

vello

hår

vello

hiukset

vello

hår

vello

ผม

vello

SM (Anat) → fuzz, soft hair (Bot) → down; (en frutas) → bloom; (en cuerna) → velvet
vello facialfacial hair

vello

m. body hair;
___ axilaraxillary ___;
___ púbicopubic hair.

vello

m body hair; — axilar axillary hair; — corporal body hair; — facial facial hair; — púbico pubic hair
Ejemplos ?
Cada cual es como es; hay a hombre o pueblo que tomar como Dios hacerle quiso: yo he cantado a mi patria sesenta años, a mi modo de ver como la he visto: gloriosa con sus fastos militares, grande con sus virtudes y sus vicios, prendida con sus tocas de castaños, de nogales, de almendros y de olivos, con su manto de mieses y viñedos y el cinturón de plata de sus ríos, piadosa con la fe de sus mayores, gaya con su carácter expansivo, y hermosa con su vello y sus lunares, morena tez y mosqueadores rizos.
Tengo estos detalles tan presentes como si fueran de ayer, y aunque estaba profundamente turbado nada escapó a mis ojos; ni siquiera el más pequeño detalle: el lunar en la barbilla, el imperceptible vello en las comisuras de los labios, el terciopelo de su frente, la sombra temblorosa de las pestañas sobre las mejillas, captaba el más ligero matiz con una sorprendente lucidez.
¡Oh, las primeras noches de delicia sensual en el amplio lecho profundo, dorado y ornamentado como un altar; la palidez ambarina, las líneas perfectas, el olor a magnolia, el vello de oro sedoso de aquel cuerpo de veinte años, extendido en voluptuosas posturas sobre las sábanas de raso negro!
En cama por la mañana, juntos sobre la almohada, él veía pasar la luz del sol por entre el vello de sus mejillas rubias medio tapadas por las orejeras subidas de su gorro.
El libertino estaba en las nubes, el vello de su miembro frotaba el lindo ojete que hubiera querido perforar; una de sus manos manoseaba las nalgas del delicioso amorcito y con la otra le meneaba la verga.
Cubierto de vello como un sátiro, de espalda recta y nalgas blandas y colgantes, que parecían dos sucios paños de cocina oscilando encima de sus muslos, cuya piel aparecía magullada a fuerza de latigazos y tan curtida que no notaba cuando se la pellizcaban.
Sus uñas eran pedernal; sus dientes, de caoba; sus manos, de bronce pavonado por el sol; su cabello, por lo revuelto y empajado, cáñamo sin agramar, y por la calidad y el color, el cerro de un jabalí; su pecho, que la abierta camisa dejaba ver de hombro a hombro y del cuello hasta el estómago inclusive, parecía cubierto de una piel de caballo que se hubiese arrugado y endurecido a fuerza de estar sobre ascuas y, efectivamente, el cerdoso vello que poblaba su saliente esternón hallábase chamuscado, así como sus pobladas cejas...
Los más hermosos cabellos negros que caían en bucles naturales por encima de sus hombros y, cuando se quería, llegaban hasta el lindo vello del mismo color que sombreaba ese coñito voluptuoso, se convertían en un nuevo adorno que hubiera hecho mal en omitir, y acababa de prestar a aquella criatura angélica, que debía tener unos veintidós años, todos los encantos que la naturaleza puede prodigar a una mujer.
Hacen venir a Adelaida, le pasan un pala calentada al rojo sobre los muslos, por delante, le queman el clítoris, le atraviesan la lengua, le azotan el pecho, le cortan los pezones, le rompen ambos brazos, le cortan los dedos que le quedan, le arrancan el vello del monte, seis dientes y un mechón de cabello.
Además, no encontraba postura cómoda, el rígido vello de la carpeta rascábame la garganta, el filo de los botines me entumecía la nuca, los espirales de los elásticos doblados me pellizcaban la carne.
760 El lazo de ambos cuellos entre un lascivo enjambre iba de amores Himeneo añudando, mientras invocan su deidad la alterna de zagalejas cándidas voz tierna 765 y de garzones este acento blando: CORO I «Ven, Himeneo, ven donde te espera, con ojos y sin alas, un Cupido cuyo cabello intonso dulcemente niega el vello que el vulto ha colorido: 770 el vello, flores de su primavera, y rayos el cabello de su frente.
Por consiguiente, la queman en los dos senos, en cada palma de las manos, le hacen gotear cera sobre los muslos y el vientre, le llenan de ella el hueco del ombligo, le queman con alcohol el vello del monte.