tumbaga

tumbaga

(Del malayo tambaga, cobre.)
1. s. f. METALURGIA Aleación muy quebradiza, compuesta de oro y cobre, que se usa en joyería.
2. INDUMENTARIA Y MODA Sortija hecha con una aleación de oro y cobre.
3. INDUMENTARIA Y MODA Anillo de la mano.

tumbaga

 
f. metal. Aleación muy quebradiza de oro y cobre, empleada en joyería.
Sortija hecha de esta aleación.
Traducciones

tumbaga

tombac, tumbaga

tumbaga

tombacco
Ejemplos ?
También hubo un gran auge de los trabajos en oro y en guanín o tumbaga (aleación de oro y cobre), con técnicas de laminado y martillado.
Con razón decían los de gusto más selecto del barrio que era Dolores entre las hembras de más tronío, lo que entre los luceros la luna; que tenía nuestra heroína por obra y gracia del Altísimo, como soles los ojos, los labios como la grana, los dientes como de marfil, oval el semblante, como la endrina de negro el pelo y más anillado que una tumbaga, y un cuerpo capaz de hacer levantarse de su sepultura a las momias del sexo viril que nos legaran los dignísimos faraones.
Y si no, ese acuerda osté de Mariquita la Pelona?... Pus por qué si no por causa de esta tumbaga tiée hoy un pelo que le arrastra?
-Pero mujer, ¿cómo te voy a dar una peseta, si todo lo que me traes no vale una siguirilla gitana? -Que no vale; pos si no más que la tumbaga...
Pos el Maroto es un «Viva la Virgen» y un «Me alegro verte güena». Pero no es mala persona...; uña y carne del Niño de la Tumbaga.
¿Usté ve esto que tiée en la rosa?... Pos eso es una cosa bendecía, y to el que se pone esta tumbaga y es calvo, le crece el pelo...
-Güeno, pos bien, sí - dijo, tras breves instantes de silencio, el enamorado de Rafaela - le regalé una tumbaga y un ramillete de flores.
Y como sé que el espejo me platicó en plata, pues en cuantito me dijo lo que me dijo, me dije yo: «Mira, Candelario, tú estás mu grave, pero que mu grave; la Chicharito tira más de ti que la resaca, y eso de que la Chicharito esté por tus peazos me parece a mí que nanai, que es grilla, y si te dejas llevar por la afición que le tiées y la conviertes en la mujer del Candelario, será mu posible lo que puée ser mu posible, ¿sabes tú?» Y cavila que te cavila en esto, me dije yo: «Vamos a ver, Candelario, si tú fueras a mercar una tumbaga, pongo por caso, lo primerito que tú harías antes de soltar los parneses sería llevarla al platero pa que la tocara en la piedra y enterarte de si era de oro de velón o si de oro de ley.
-Es que eres tú mucha mujer, chavó; es que tiées tú por cara una reliquia y un proigio por cuerpo -repúsole, al par que la contemplaba con íntima complacencia, la señora Dolores la Remilgos, hermana carnal de su padre, el señor Paco el Talabartero. -Oiga usté, señá Dolores -exclamó en aquel instante el famoso Niño de la Tumbaga-.
-Pos lo único que me quea. Míe usté: esta tumbaga, que como valor no tiée valor ninguno, pero como virtú vale un millón... Mírela usté bien...
Y mientras aquél se dirigía al barril del amontillado, sentose el de la Tumbaga junto a una mesa, y colocando en ella el codo y en la palma de la mano la cara, canturreó dulcemente, acompañándose con nervioso, rápido y acompasado taconeo: :Que Dios bendiga la hora :en que te hallé en mi verea, :si lo mismo que te quiero :consigo yo que me quieras.
-No, si la tumbaga te la vas a llevar otra vez; si lo que quedan son las cucharas, que de malitas que están parecen tenedores, y la camisa está buena para cazar lúganos o chamarices.