triaca

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triaca

(Del lat. theriaca < gr. theriake , remedio contra el veneno de los animales.)
1. s. f. FARMACIA Preparado farmacéutico usado antiguamente compuesto, entre otros ingredientes, de opio.
2. Remedio de un mal.

triaca

 
f. Confección farmacéutica cuyo principal ingrediente era el opio.
fig.Remedio de un mal.
Ejemplos ?
En 1745 William Heberden, médico inglés del Royal College of Physicians de Londres, publicó un tratado (Antitheriaka:Essay on Mithridatium and Theriaca) recogiendo los efectos inútiles de los ingredientes, lo que motivó la exclusión de las triacas de la farmacopea londinense al año siguiente.
Plinio el Viejo, en su Naturalis Historia (siglo I) se muestra escéptico de la utilidad de las triacas, dado lo reducido de algunos de sus ingredientes y lo absurdo de sus proporciones.
Durante el siglo XVIII, en las grandes ciudades europeas la pomposa ceremonia de elaborar las triacas corría a cargo de farmacéuticos destacados bajo la supervisión, normalmente, del Collegium medicum local.
En los siglos XVIII y XIX, con el desarrollo de la química, comenzaron a aparecer las primeras discusiones serias sobre la efectividad real de las triacas, y su importancia empezó a decaer.
(0,08 gramos). Algunos de los componentes utilizados en las triacas elaboradas en la antigüedad no han podido ser todavía identificados.
La composición de la triaca de Andrómaco o triaca magna quedó recogida en un poema compuesto por el propio Andrómaco. Antipater, Nicostrato o Damocrates también dejarían constancia de otras tantas triacas.
Los médicos griegos se volvieron expertos en crear antídotos para el envenenamiento, que —tomados cotidianamente— inmunizaban al usuario. Estas zeriaka o triacas contenían venenos (como la cicuta y el acónito), pero en pequeñas dosis.
Con el tiempo llegó a haber más de mil recetas de triacas, y todas contenían distintas cantidades de opio. Cuando Galeno confeccionó su Antídoto Magno, en el siglo II, ya la proporción de jugo de adormidera en las triacas había crecido hasta ser un 40% del total.
Falta en la Antigüedad quien considere el opio como panacea, y también como cosa despreciable. Desde tiempos de Heródoto hasta los autores de triacas no hay una sola noticia de alguien envilecido por el uso del opio.
Siguiendo sus recomendaciones, el emperador Marco Aurelio abría las mañanas con una porción de opio «grande como un haba de Egipto y desleída en vino tibio». Prácticamente todos los emperadores romanos usaban a diario triacas.
Las propiedades de estas triacas crearon creencias supersticiosas que perduraron hasta el siglo XVIII y giraban sobre la «milagrosa» capacidad de proteger contra venenos y curar desde la paste hasta llagas bucales.
Cuando Galeno se convirtió en médico del emperador Marco Aurelio, trabajó para desarrolla drogas farmacéuticas y mejunjes a partir de vino conocidos como triacas.