tresillo

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tresillo

1. s. m. Conjunto de un sofá y dos butacas que hacen juego.
2. JUEGOS Juego de cartas entre tres personas en el que cada una de ellas recibe nueve cartas y en el que gana la que hace más bazas.
3. INDUMENTARIA Y MODA Sortija con tres piedras preciosas que hacen juego.
4. MÚSICA Grupo de tres notas de igual valor que se ejecuta en el tiempo correspondiente a dos de ellas.

tresillo

 
m. Juego de naipes entre tres personas, cada una de las cuales recibe nueve cartas; gana la que hace más bazas.
Conjunto de un sofá y dos butacas que hacen juego.
mús. Conjunto de tres notas de igual valor que se ejecutan en el tiempo correspondiente a dos de ellas, o bien conjunto de más de tres notas la suma de cuyos valores equivale al de las tres mencionadas.

tresillo

(tɾe'siʎo)
sustantivo masculino
1. juego de naipes que usa la baraja española una partida de tresillo
2. conjunto formado por un sofá y dos sillones Cambió el tresillo de la sala.
Traducciones

tresillo

loungesuite, three‐piecesuite

tresillo

Skat

tresillo

SM
1. [de muebles] → three-piece suite
2. (Mús) → triplet
Ejemplos ?
Primero oía un murmurio acompasado y monótono, que alternativamente se apagaba o sonaba con más fuerza: era don Juan guiando el rosario de sus tertulios. Después notaba los acostumbrados ruidos de arrastrar muebles; se organizaba la partida de tresillo.
Hizo que lo trasladasen la cama al gabinete; y de noche, mientras duraba la tertulia de los pocos huéspedes que quedaban, en el salón, que estaba más cerca, don Mamerto mandaba que abrieran la puerta de su habitación para oír fragmentos de las conversaciones. Se jugaba al tresillo, y lo que oía más a menudo era: «Espada, mala, basto.
Presumía el virrey de no encontrar rival en el juego de revesino, que era para la sociedad lo que el tresillo o rocambor en nuestros días.
La misma murmuración (de la cual yo no reniego, al contrario, pues la cuento entre las cosas más divertidas e instructivas que hay en el mundo) no tiene en provincia aquella ligereza cortesana, que parece que les pone alas a los chistes; en provincia se gruñe quince días por lo que en Madrid entretiene y provoca chistes dos minutos, y más que latigazo, semeja la censura cruel carrera de baquetas, en que ya ningún corazón generoso puede dejar de interesarse por la víctima y detestar a los verdugos. Como además no soy muy aficionado al juego, faltábame el recurso de fundar una partida de tresillo.
Pedro José Bermúdez de la Torre y Solier, así como el romance de un fraile agustino, describiendo una partida de tresillo entre el Rey, la Vida y la Muerte.
Todas las noches, después de cenar, venían fielmente a hacerle la partida de tresillo al señor de las Baceleiras los tres pies fijos de su desvencijada mesa: el médico, don Juan de Mata; el cura, don Serafín, y el maestro de escuela, don Dionisio.
Unos de jueces de término a cien leguas: otros en Ultramar haciendo dinero; otros en el ejército sabe Dios dónde; los pocos que quedaban en el pueblo, retraídos, metidos en casa o en la sala de tresillo.
Jugaba con ellos una partida de chaquete, tresillo o malilla de compañeros, obsequiábalos a toque de nueve con una jícara del sabroso soconusco acompañada de tostaditas y mazapán almendrado de las monjas catalinas, y con la primera campanada de las diez despedíanse los amigos.
Entonces se me conocía por don Joaquín Jimeno, fiscal de aquella misma Audiencia. ¡Las partidas de tresillo que hemos jugado su padre de usted y yo!
Cabe á don Ramón Castilla la gloria de haber roto con el inmoral abuso, que ya iba haciéndose mal crónico. Formada una noche la partida de tresillo hacían la contra al ugador los generales Castilla y Aparicio.
En cuanto al señor de Areche, refieren que volvió cojitabundo a ocupar su puesto en la mesa de tresillo; que en toda la santa noche no hizo jugada en regla, y que, por primera vez en su vida, cometió dos renuncios, prueba clara de la preocupación de su ánimo.
Jugaba exclusivamente en sus austeros saraos a la báciga o al tresillo con sus canónigos y oidores, con sus veinticuatros y sus maestrantes; no tenía teatro: un voto religioso se lo impedía; no tenía más alumbrado que las piadosas luces que ardían ante sus numerosos retablos; no tenía baldosas, ni Delicias, ni paseo de Cristina; y tenía actualidad, como se diría ahora, aquella regla de: ::En dando las diez, ::dejar la calle para quien es, ::los rincones para los gatos, ::y las esquinas para los guapos.