tremenda

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tremenda

tremendous

tremenda

SF tomarse algo a la tremendato make a great fuss about sth, take sth too seriously
Ejemplos ?
CAPÍTULO XIV Remontado a tremenda altura por la fiera violácea, vislumbré en tierra un desierto cubierto de buitres que parecían estar vigilando a alguien.
Un furioso torrente manó del invisible piso y tan tremenda era su fuerza que me arrastró, como en tobogán por un larguísimo tramo.
Se dice que con otros deportes. Aquí no se pueden poner los toros, porque si usted dice que se van a poner los toros, se arma una protesta tremenda.
Recorrí los corredores. No se oía un rumor, pero de dentro de las piezas me seguía la tremenda angustia de mamá y mi mujer que esperaban el estampido.
¡Ah de vosotros si no imploráis misericordia al pie de los altares! Llegará la hora tremenda del vano crujir de dientes y de las frenéticas imprecaciones.
De repente caía un bofe sangriento sobre la cabeza de alguno, que de allí pasaba a la de otro, hasta que algún deforme mastín lo hacía buena presa, y una cuadrilla de otros, por si estrujo o no estrujo, armaba una tremenda de gruñidos y mordiscones.
El tenía entonces en efecto-ya se verá a su tiempo-una fuerte cuenta personal pendiente con los vascos españoles no sólo del Cerrito sino también de Montevideo y bajo la amenaza-que ya había llegado-de un cobro de la misma “a la tremenda” no era prudente ni oportuno sindicarlos removiendo las cenizas de un fuego que acaso ya venía apagándose…De ahí-y nada más que de ahí en mi concepto-la extraña imprecisión observable en los dos “sueltos” de “EL COMERCIO DEL PLATA”.
Paró el cuchillo Montero inmóvil sobre la lonja que dividía, y Estrella se estremeció de congoja: en tanto que doña Blanca con hondísima zozobra le contemplaba, sus ojos saltándola de las órbitas; y en este momento el conde, alargándole la copa, le dijo con voz tremenda: «Bebed primero, señora.
Y si por caso el que demanda nombra a su bella y perdida Valentina, ante él evoca su tremenda sombra, y el infeliz Genaro en el instante, a su nombre funesto enloqueciendo, con sus gritos la sala ensordeciendo, con su ademán y gesto delirante demuestra lo que su alma está sufriendo; y de su amada en su ilusión amante la cabeza fatal tiene delante.
Peer saba que en cierto modo yo era el culpable del triste fin de Moana y que el día del Juicio Final me sería pedida cuenta de su tremenda suerte.
De esta vez, o se marcha del pueblo, o la cencerrada termina en quemarle la casa y sacarle arrastrando para matarle de una paliza tremenda.
¡Lo horrible es tener conciencia de que este último kilate de razón se desvanecerá a su vez, sin que la tremenda responsabilidad que se esfuerza sobre ella alcance a contenerlo!