Ejemplos ?
Para dar realce a todas estas elevadísimas doctrinas, y cediendo también a un espíritu de equidad, nosotros, que nos complacemos frecuentemente en referir y celebrar los actos heroicos de los españoles durante la Guerra de la Independencia, y en condenar y maldecir la perfidia y crueldad de los invasores, vamos a narrar hoy un hecho que, sin entibiar en el corazón el amor a la patria, fortifica otro sentimiento no menos sublime y profundamente cristiano: el amor a nuestro prójimo; sentimiento que, si por congénita desventura de la humana especie, ha de transigir con la dura ley de la guerra, puede y debe resplandecer cuando el enemigo está humillado.
Los que auguraban que el triunfo de la Revolución era la anarquía, que el triunfo de la Revolución era un torrente de sangre, que era el desorden y el caos, se quedaron asombrados ante aquel formidable acontecer revolucionario; pero, además, se dieron cuenta de que aquella Revolución era invulnerable, porque aquella Revolución era una revolución consolidada, puesto que todas las armas estaban en manos de los revolucionarios; además, se daban cuenta de que los hombres que habían hecho aquella Revolución no estaban dispuestos a transigir con los intereses creados y que estaban dispuestos a hacer una verdadera revolución en su patria.
Se le había metido en la cabeza (porque el hombre, en empezando a transigir con ideas y sentimientos religiosos que no encuentra racionales, no para hasta la superstición más pueril) que el gallo aquel, y no otro, era el que Esculapio, o sea Asclepies, quería que se le sacrificase.
No puedo transigir con aquello del Inconocible —o Incognoscible, como escriben los pedantes—ni con aquello otro de «de aquí no pasarás».
Transigir, pues, con las compañías, en lo fundamental, en la legitimidad de la expropiación o en el manejo de la industria del petróleo, en las condiciones en que lo han propuesto, que son peores, inclusive que la restitución de sus antiguos bienes, equivalente a transigir con la vida misma de la patria, a hacer imposible para el futuro el respeto a las leyes mexicanas en el territorio de México, a perder toda posibilidad, un verdadero país independiente.
No sé por qué la manía de conservar la vida ha de hacernos transigir con las cosas más opuestas a nuestros gustos y nuestras convicciones...
El Estado no puede transigir con el derecho que lo rige; negociar con delincuentes sería negar el derecho y prescindir de la voluntad popular, reducir al Gobierno a un mero instrumento oportunista sometido a los vaivenes de la delincuencia.
Mediánez ocultaba a su amigo las batallas que reñía con aquel señorón para obligarle a transigir con el diputado por Polanueva, a quien él quería a todo trance llevar consigo al Gabinete que iba a presidir.
A eso se debe, cuando el conflicto hizo crisis, las compañías defendieran más que el dinero que los trabajadores estaban justificadamente demandándoles, el precedente; el precedente para otros países, de tener que someterse a las leyes en las que reside nuestra soberanía nacional. Transigir con la insolencia de las empresas imperialistas había sido, antes del actual Gobierno, la característica de múltiples administraciones pasadas.
Cedí con la sopa a los reiteradísimos «ponte más, no lo desaires» con que me acosaba la buena señora; y al tratar resueltamente de negarme a repetir de los potajes, tal fue la insistencia de la familia entera, y tanto me solfearon que despreciaba su pobreza, que por no sufrir tan inclemente machaqueo me resolví, con la resignación de un mártir, a jugar la salud en aquel lance; pero me fue imposible transigir con el capón: materialmente estaba ya lleno, rebosando mi estómago.
Por lo tanto, el pueblo mexicano sabrá defenderse de la amenaza imperialista, sin alterar en lo mínimo las relaciones de cordialidad con el gran pueblo vecino de nosotros, pues deben de saber, lo mismo los reaccionarios mexicanos que los enemigos de la soberanía nacional que se hallan en el extranjero, que si con el actual Gobierno de México no llegan a un arreglo las compañías petroleras, sobre la base del respeto a las leyes legítimas de nuestro país, resultará inútil esperar a un nuevo Gobierno para que éste se arregle con las empresas expropiadas a base de transigir con nuestra dignidad y con nuestro decoro...
Chávez de la Rosa, no queriendo transigir con abusos y fastidiado de luchar sin fruto con su Cabildo y hasta con las monjas, renunció en 1804 el obispado, llevó entre los familiares que lo acompañaron a España al cleriguito del Dominus vobiscum, como cariñosamente llamaba a su protegido.