tranco


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tranco

1. s. m. Paso o salto largo que se da abriendo mucho las piernas dio un tranco para no pisar el charco. zancada
2. Escalón o parte inferior de una puerta o entrada. umbral
3. JUEGOS Juego de la tala.
4. JUEGOS Palo que se usa en este juego.
5. al tranco loc. adv. Argent., Chile, Urug. A paso largo el caballo andaba al tranco espoleado por el jinete.
6. a trancos loc. adv. coloquial De prisa y sin cuidado te sale mal porque lo haces a trancos.
7. en dos trancos loc. adv. coloquial Se usa para expresar la rapidez y facilidad con que se llega o puede llegar a un sitio en dos trancos se presentó en casa de su suegra. en dos trancadas o zancadas

tranco

 
m. Paso largo.
Umbral (de puerta).
A trancos. loc. adv. fig.De prisa y sin arte.
En dos trancos. En brevísimo tiempo.

tranco

('tɾanko)
sustantivo masculino
paso dado con las piernas muy abiertas Avanzaba a grandes trancos por la calle.
con pasos largos El caballo galopaba al tranco.
Sinónimos

tranco

sustantivo masculino
Traducciones

tranco

stride

tranco

pazego

tranco

enjambée

tranco

황새 걸음

tranco

pernada

tranco

SM
1. (= paso) → stride, big step
andar a trancosto walk with long strides, take big steps
en dos trancos (lit) → in a couple of strides (fig) → in a couple of ticks
2. (Arquit) → threshold
Ejemplos ?
Hemos dado un tranco largo, pero lo hemos dado más largo, aumentando en un porcentaje más alto las asignaciones familiales de obreros, campesinos y empleados públicos, para acercarlas a las asignaciones familiares de los empleados particulares Y otras cajas de previsión.
Muy bien, señor, me contestó, y heme aquí pastor de Arcadia guardando ganados con mi bella Galatea: ella por un lado y yo por otro picamos los caballos y dimos un repunte a las ovejas que se habían desparramado un poco, y seguimos al tranco sus lentos pasos, dando de cuando en cuando un grito o un silbido para hacerles notar nuestra vigilancia.
Una de las tardes en que Morán pasó al tranco de su caballo por el frente de la casa, vio a Pa­blo y a uno de los negros que recorrían la línea del alambrado, observando el césped con aten­ción.
Y por la orilla, cuando pasaba algún gaucho con su tropilla, se ponía un rato al tranco, y todos los mancarrones se apuraban en probar el pastito fresco; hasta que Giuseppe, renegando, acudía presuroso, blandiendo alguna herramienta, siguiendo con ademán amenazador y palabras fuertes al jinete ya distante.
¡E iban!, ¡qué diablos!, y empezaban las partidas, fastidiosas, enervantes, al tranco, a medio galope, a todo correr, que ya creían todos que se venían; ¡y las vivezas para cansar al contrario, y las miradas de reojo para calarle la ligereza!, como si se hubiera tratado de un gran caballo y de diez mil pesos.
-«Toma el mío», le dijo otro esquilador; y ligero, saltó y echó a correr al galope, dando una vuelta bien abierta, para no asustar al gateado que todavía no había tomado vuelo, ni desparramado las pilchas, y cortándole pronto el paso, lo agarró, sin bajar, del cabestro y lo trajo al tranco hasta el palenque.
Por delante y a los lados caminan, a veces al tranco, a veces al trotecito, según la firmeza del piso, diez o doce caballos de baja estatura, al parecer de poca fuerza; uno en las varas, conservará el equilibrio del monumento; otro, en las cadenas, de guía, de baqueano, de piloto, inteligente, vivo, fuerte, evitará los pozos y las vizcacheras; enderezará, viboreando, en los pasos difíciles, por el lugar angosto donde no hay encajadura; es el alma del atalaje.
Una vez en el corral grande, el viejo suelta todo el lazo; la vaca se cree libre y echa a correr; la sigue al tranco el gaucho, para aminorar la fuerza del tirón; y cuando ella llega a la extremidad del lazo, el caballo la detiene con el peso y la fuerza de todo su cuerpo, plantado en el suelo, sin mover, como en cuatro estacas de acero.
Cuando nadie las vea, volverán apuradas, al tranco largo, hacia el lugar secreto donde han dejado escondida la prole, y le propinarán a grandes tragos, la leche de sus tetas generosas.
Si la deben traer despacio, a las horas, aparecen en el horizonte, trayendo puntitas al tranco, como si temieran de levantar tierra, y el patrón, impaciente, le pregunta al capataz si sus peones andan a pie.
De todos los ranchos, empezaron a disparar, en sus parejeros, los hombres válidos, dejando para más tarde de averiguar de qué partido era, y si llevaba gente de la guardia nacional para defender al gobierno o para sostener la revolución; hasta que, pasado el susto, se supo que eran quince napolitanos armados de palas, que al tranco, porque no sabían galopar, iban a una estancia a destruir las vizcachas.
Mientras las milicias se venían al sitio, de antemano fijado, al tranco o al galope, según la hora señalada, pues no debían llegar ni antes ni después, Gorro Blanco, vestido de particular, de sombrero gacho, cabizbajo, recorría el campo, sin llamar en nada la atención; vigilaba, miraba, escuchaba, poniéndose su gorra de vasco blanca, su distintivo predilecto, sólo en las grandes ocasiones, y para hacerse conocer de sus ayudantes.