trágicamente

trágicamente

 
adv. m. De manera trágica; desdichada y funestamente.
Traducciones

trágicamente

tragico

trágicamente

ADVtragically
Ejemplos ?
Tanto Zeus y Prometeo luchan por el triunfo de su individualidad como Electra o Edipo por su pérdida. Su yo herido los mueve trágicamente.
– ¡Perdido, todo perdido! –exclamó trágicamente. Se separó de los brazos de Ubaldo y huyó velozmente en la noche hacia el bosque.
Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo.
¡Esto es otra cosa...! Me gusta verte hablar trágicamente como Tranchemontagne, ¡los valientes son mis amigos! ¡Ven que te abrace Picrochole...!
Para el terrible alemán, el egoísmo -egoísmo elevado, trágicamente bello a veces, propio de un metafísico Satanás- es sinónimo de energía.
-Como siga tirando su mercé, le doy un corte a la soga -gritó Currito, y su voz decidida y sus frases trágicamente amenazadoras hicieron detenerse repentinamente al viejo, el cual, limpiándose con la manga de la camisa el copioso sudor que empezaba a inundar su rostro, avanzó de nuevo al borde del tajo, y al ver a aquél con el acero en la mano tembló todo, y -Pero muchacho -le gritó, procurando sonreír sin conseguirlo-, ¿qué groma es ésa de querer que platiquemos en tan malilla postura?
Apenas llegó a tiempo para explicar lo ocurrido a su mujer y recomendarle que, por lo menos, reclamase la recompensa prometida; en seguida, herido por la violencia del mal, exhaló su ultimo suspiro el virtuoso discípulo de Esculapio. El enfermo no le sobrevivió y, en medio de las hipócritas lagrimas de su mujer, sucumbió trágicamente.
-profirió con voz dulcísima, que parecía revelar el más tierno interés. -¡No, señora! -respondí trágicamente. -¿Ni casa? -¡Ni casa!
Juan de la Cavareda, tan querido de todos como lo había sido de Marcos, no tenía día bueno desde que perdió tan trágicamente a su inseparable amigo y compañero, y de algún tiempo a aquella parte andaba tan triste y retraído e iba desmejorándose de tal modo, que todos temían fuese muy pronto a acompañar a Marcos bajo las losas de la iglesia.
Ella se acercó. En los carbones por donde miraba brillaban ascuas: su ceño se fruncía trágicamente; las alas de su nariz palpitaban de furor.
Los tres puñales señalaron la garganta, el seno y el vientre y fueron hundiéndose, lenta y trágicamente sobre las carnes amadas, en tanto que ella me miraba con amor y me decía con vehemencia: –Bien sé, Chasca, que te comerás mi carne.
Hablé en alto, por si me respondían; grité: me contestó el eco de mi propio gritar. El sol brillaba sobre los cuerpos sin vida, sobre la urbe trágicamente muda.