tornavoz


También se encuentra en: Sinónimos.

tornavoz

(Del cat. tornaveu.)
s. m. Sombrero del púlpito, concha del apuntador en los teatros, o cualquier cosa que sirve para que el sonido o la voz se amplifiquen y se oigan mejor.
NOTA: En plural: tornavoces

tornavoz

 
m. Sombrero del púlpito, concha del apuntador en los teatros, u otra cosa que refleja el sonido.
Eco, resonancia.
Bocina para hablar de lejos.
Hacer tornavoz. Poner las manos ahuecadas junto a la boca para que la voz se oiga a distancia.
Sinónimos

tornavoz

sustantivo masculino
1 hablar de hablar de lejos).
Traducciones

tornavoz

Kanzeldeckel

tornavoz

SF [de instrumento musical] → sounding board; [de púlpito] → sounding board, canopy
hacer tornavozto cup one's hands to one's mouth
Ejemplos ?
Pueden diferenciarse la anteescena o proscenio avanzado; la corbata, parte comprendida entre la batería (línea luminosa de las candilejas) y la concha del apuntador o tornavoz; la gloria, línea imaginaria desde la que saludan al público los actores; y el palco de proscenio, vecino al arco del escenario o contiguo a la escena.
A la espalda del púpito se encuentra, enrollada entorno a la columna la escalera que lleva hasta él y en la parte superior está el tornavoz.
Es autor del libro de poemas, Canciones para una sola cuerda (1982); de los libros de cuentos, Los viernes de Lautaro (1979), Septiembre y los otros días (Premio Xavier Villarrutia, 1980), De alba sombría (1985), Las luces del mundo (1986), Difícil de atrapar (1995) y Donde el gimnasta (1999); y de las novelas, El sol que estas mirando (1981), La canción de las mulas muertas (1981), El tornavoz (1983), Soñar la guerra (1984), Los músicos y el fuego (1985), Sóbol (1985), El diablo en el ojo (1989), El agua de las esferas (1992), La ventana hundida (1992), Juegan los comensales (1998) y El biombo y los frutos (2001).
Pulpito Obra ejecutada en el siglo XVIII. La Imagen de la Fe que corona el tornavoz es del siglo XVII. Desde esta cátedra predicó a la feligresía, en varias ocasiones, San Antonio María Claret, co-patrón de la diócesis de Canarias.
En cada lado de la parte superior hay dos aletones que tenían una función acústica, son de sección cuadrangular, en su parte inferior se representa a Eva y Adán. El tornavoz se divide en dos cuerpos.
Es autor del libro de poemas, Canciones para una sola cuerda (1982); de los libros de cuentos, Los viernes de Lautaro (1979), Septiembre y los otros días (Premio Xavier Villaurrutia, 1980), De alba sombría (1985), Las luces del mundo (1986), Difícil de atrapar (1995) y Donde el gimnasta (1999); y de las novelas, El sol que estas mirando (1981), La canción de las mulas muertas (1981), El tornavoz (1983), Soñar la guerra (1984), Los músicos y el fuego (1985), Sóbol (1985), El diablo en el ojo (1989), El agua de las esferas (1992), La ventana hundida (1992), Juegan los comensales (1998) y El biombo y los frutos (2001).
Gracias al libro de Silverio Velasco se está seguro de que según los libros de la iglesia se pagó por el púlpito a Miguel de Espinosa y Juan de Cambray entre los años 1546 y 1547. También aparece el nombre de Francisco de Salamanca, para pintar el florón y a la Virgen de debajo del tornavoz.
Púlpito: Realizado en cantería, con fuste entorchado y pometeado característico del siglo XVI, y barandilla de forja con el escudo de San Andrés, posiblemente del siglo XIX. El tornavoz es de madera y de estilo barroco dieciochesco.
Está adosado a uno de los pilares del transepto, al lado izquierdo en la nave central. Es de planta irregular, está constituido por un palco para el orador, tornavoz y escala con pasamanos.
El palco y el pasamanos llevan tableros decorados con pinturas muy toscas, posiblemente inspiradas en estampas, que representan a los Padres de la Iglesia y a los Evangelistas. El tornavoz es octogonal y sus secciones están demarcadas por molduras doradas.
En la nave central se encuentra el púlpito con tornavoz; en el coro destaca un órgano tubular de madera recientemente restaurado.
El tornavoz y dosel fueron realizados en La Orotava en 1915, por el maestro de obras Diego Álvarez, con relieves de Adán Bello y con jaspeados al óleo de Benjamín Sosa.