tonante

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tonante

(Derivado del lat. tonare, tronar.)
1. adj. Que truena.
2. HERÁLDICA Se aplica al escudo que tiene llamas y humareda.

tonante

(to'nante)
abreviación
que produce estruendo la voz tonante del capataz
Ejemplos ?
Es un convento el último refugio de la arrestada, aunque pequeña, tropa que la defiende; en torno el enemigo, cuantos conoce el fiero Marte, acopia medios de destrucción; ya por cien partes cede al batir de las tonantes bocas el débil muro, y superior en armas a cada brecha una legión se agolpa.
Doblar la altiva frente a ti debía el audaz español, y sólo entonces, al pabellón Ibérico podría saludar, no el deber, la cortesía con ronca voz de los tonantes bronces.
Y entre salvas de aplausos tonantes, y frenéticos hurras, pónese en pie, en unánime movimiento, la ardiente asamblea, en tanto que leen desde la plataforma en alemán y en inglés dos hombres de frente ancha y mirada de hoja de Toledo, las resoluciones con que la junta magna acaba, en que Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo.
Delante tienen voluptuosos lechos de áureas columnas y festines dispuestos con regio lujo; pero la principal de las Furias vela tendida a su lado, y en cuanto intentan llevar las manos a la mesa, se levanta blandiendo su tea y se lo impide con tonantes voces.
Frente a los Cavaignac y los Marrast, Ledru-Rollin y la Montaña representaban, por tanto, la verdad de la revolución, y la conciencia de esta importante situación les infundía tanto más valentía cuanto más se limitaban las manifestaciones de la energía revolucionaria a ataques parlamentarios, a formulación de actas de acusación, a amenazas, grandes voces, tonantes discursos y extremos que no pasaban nunca de frases.
El poder, tomando por ejemplo aquello que tenemos delante, está constituído por el señor Bonaparte que, todavía ayer, era un pobre proscrito sin demasiada libertad y sin más dinero que libertad; por setecientos cincuenta Júpiteres tonantes que -vestidos como todos y no más bellos ciertamente-, hace unos meses hablaban con nosotros -y no mejor que nosotros, oso decirlo-; por siete u ocho ministros y sus acólitos, la mayor parte de los cuales, antes de tirar de las cuerdas de las finanzas, tiraban de la cola del diablo con tanta obstinación como un amanuense cualquiera.