tintero


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tintero

1. s. m. Recipiente usado para contener la tinta de escribir.
2. Mancha negra de la cavidad de los dientes de las caballerías mediante la cual se puede conocer la edad del animal. neguilla
3. ARTES GRÁFICAS Depósito que en las máquinas de impresión recibe la tinta.
4. NÁUTICA Zoquete de madera usado en los barcos para conservar desleída la almagra con que se tapan las junturas de madera.
5. dejar o quedar una cosa en el tintero coloquial Olvidarla u omitirla creo que ya lo he dicho todo y que no me dejo nada en el tintero.

tintero

 
m. Vaso o frasco en que se pone la tinta de escribir.
Dejar una cosa en el tintero.fig. Olvidarla u omitirla.

tintero

(tin'teɾo)
sustantivo masculino
1. frasco usado para guardar tinta de escribir un tintero de vidrio
olvidar u omitir una cosa al hablar o escribir Dejé algunas ideas en el tintero al redactar el ensayo.
2. computadoras cartucho de tinta de una impresora Hay que cambiar el tintero de la impresora.
Sinónimos

tintero

sustantivo masculino
Traducciones

tintero

SM
1. (= recipiente) → inkpot, ink bottle (EEUU), inkwell
dejarse algo en el tintero (= olvidar) → to forget about sth; (= no mencionar) → to leave sth unsaid
no se deja nada en el tinteroshe leaves nothing unsaid
2. (LAm) (= plumas) → desk set, writing set
Ejemplos ?
Se iba a cubierta cuando el tiempo era malo; y en la bonanza se estaba el día en el puente, apuntando sus razones en papel de hilo, y dando a que le llenaran de tinta el tintero de cuerno, «porque la maldad no se cura sino con decirla, y hay mucha maldad que decir, y la estoy poniendo donde no me la pueda negar nadie, en latín y en castellano».
No cumpliendo ella a nuestro propósito, preferimos dejarla en el tintero y contraernos a la última cuestión entre el representante de la corona y el arzobispo de Lima.
(Popular) Pues, señores, ya que he escrito el resumen de la historia administrativa del gobernante, no dejaré en el tintero, pues con su excelencia se relaciona, el origen de un juego que conocen todos los muchachos de Lima.
Y dejo en el tintero que los evangelios, aplicados sobre el estómago, eran una excelente cataplasma; y nada digo de los panecillos benditos de San Nicolás, ni de las jaculatorias contra el mal de siete días, ni de los globulillos de cristal que vendían ciertos frailes para preservar a los muchachos de encanijamiento o de que los chupasen brujas.
¡muy bonito! Después volvía a escribir mojando su pluma en el tintero de asta que sujetaba con la mano izquierda. Cuando terminaron con las habitaciones subieron al desván.
El primer estudiante que el abad de SaintPierre de Val veía siempre al comenzar la lectura del derecho canónico era Claude Frollo; siempre estaba allí, frente a la cátedra, junto a un pilar de la escuela Saint-Vendregesile, con su tintero de cuerno, mordisqueando su pluma, escribiendo en sus rodilleras gastadas y soplándose los dedos en invierno.
O a veces, cuando está trabajando cosas de números, o poniendo un libro sueco en español, la ve venir, venir despacio, como en una nube, y se le sienta al lado, le quita la pluma, para que repose un poco, le da un beso en la frente, le tira de la barba rubia, le esconde el tintero: es sueño no más, no más que sueño, como esos que se tienen sin dormir, en que ve uno vestidos muy bonitos, o un caballo vivo de cola muy larga, o un cochecito con cuatro chivos blancos, o una sortija con la piedra azul: sueño es no más, pero dice el padre que es como si lo hubiera visto, y que después tiene más fuerza y escribe mejor.
Pero pierde la receta que el doctor acaba de prescribir; en el cocimiento, se le olvida colar, o se le queda en el tintero el azúcar, o me lo sirve hirviente o helado, y, al golpear las almohadas, me tira del pelo, me da un achuchón en la nuca, me deja en postura peor.
Gracias a los bomberos, gracias al personal sanitario, gracias a la policía, gracias a los taxistas, gracias a los psicólogos, gracias a los conductores, gracias a los conductores de autobús y gracias a todos los que se nos quedan en el tintero.
Fea pintan a la envidia, yo confieso que la tengo de unos hombres que no saben quién vive pared en medio. Sin libros y sin papeles, sin tratos, cuentas ni cuentos, cuando quieren escribir piden prestado el tintero.
Pero a falta de este recurso, apeló a un zurriago que para los grandes lances estaba colgado en la pared, detrás de la mesa, y se fue con él encima del primer grupo de amotinados que jugaban a la pelota y habían derribado ya con ella el tintero magistral.
El cura y la monjita se fueron derecho a los tabretes, y cada cual se sentó. El angelito se quedó muy formal teniendo el tintero.