Ejemplos ?
Así decía el buen viejo, De su don Juan acordándose, Cuando don Juan arrojándose En sus brazos exclamó: -Ya estoy aquí, padre mío, Ya estoy ante vos de hinojos, Tornadme, padre, los ojos, O muero de angustia yo. Y ambos a dos tiernamente Padre e hijo se abrazaban, Y ambos a dos sollozaban...
Solamente Enrique sentía crecer en su corazón un miedo extraño y al mirar a los ojos del abuelo creía desconocerlo, como si ellos hubieran perdido su expresión humana. Por las noches, cuando la luna se levantaba, cogía a Pedro entre sus brazos y lo aplastaba tiernamente hasta hacerlo gemir.
Yo había halagado a la amada tiernamente con mis juramentos y frases melifluas y cálidas, y juntos seguíamos en un lánguido dúo de pasión inmensa.
Nunca había estado Josefina más triste que el día de Noche-Buena, sin que Víctor, que la quería tiernamente, pudiera explicarse la causa de aquella melancolía.
que son cuerpo de la esposa, a la cual él tomaría 155. en sus brazos tiernamente, y allí su amor la diría; y que, así juntos en uno, al Padre la llevaría, donde del mismo deleite 160.
De la suerte que la vaca primeriza da vueltas alrededor de su becerrillo, mugiendo tiernamente, como no acostumbrada a parir; de la misma manera bullía el rubio Menelao cerca de Patroclo.
Tú sometes los hijos a los padres, pero salvando la libertad de aquéllos. Tú colocas a los padres sobre los hijos para que gobiernen a éstos amorosa y tiernamente.
Por ninguna criatura del mundo experimentaba un sentimiento más dulce que el que me inspiraba la preciosa criaturita que había sido la compañera de mis juegos y a quien había amado tan tiernamente entonces, como estaba y estaré convencido hasta mi muerte.
Por entre unas tablas se distinguía a la mujer abrazando tiernamente a la bestia, y el mono, con expresión compungida, miraba en rededor, brillantes los ojos lastimeros.
Lloraban de gozo entrambos hablándose con afán, y tiernamente abrazándose y tornándose a abrazar, dándose pruebas continuas del cariño más cordial, preguntando y respondiendo sin dejarse respirar.
Pero, tal y como lo había calculado, no fue ni buen padre ni buen esposo. Había observado que no somos tan tiernamente amados como por las mujeres en las que nunca pensamos.
A lo cual respondió el caballero que no tenía qué agradecelle, porque le hacía saber que, cuando vio al niño caído y atropellado, le pareció que había visto el rostro de un hijo suyo, a quien él quería tiernamente, y que esto le movió a tomarle en sus brazos y traerle a su casa, donde estaría todo el tiempo que la cura durase, con el regalo que fuese posible y necesario.