tetrarca

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tetrarca

(Del gr. tettares, cuatro + arkho , mandar.)
1. s. m. y f. HISTORIA Jefe de la cuarta parte de un reino o provincia.
2. HISTORIA Gobernador de una provincia o territorio.

tetrarca

 
m. Señor de la cuarta parte de un reino o provincia.
Gobernador de una provincia o territorio.
Traducciones

tetrarca

tetrarca
Ejemplos ?
En éste, como en el resto, las caras fueron cuidadosamente borradas, como damnatio memoriae o debido a la iconoclasia cristiana. En otro panel, los cuatro tetrarcas vestidos con togas como Victoria son coronados por los dos Augusti.
Un tercer panel conmemora la unidad y fuerza de la tetrarquía con una representación de los tetrarcas al unísono; la forma impersonal en que los tetrarcas son representados recuerdas a la esquemática estatua de pórfido de los tetrarcas de la Basílica de San Marcos de Venecia.
Las diócesis, por su parte, se agrupaban en cuatro prefecturas pretorianas, que correspondían a las cuatro regiones cuyo mando quedaba asignado a cada uno de los cuatro tetrarcas, y que a su vez contaban con la asistencia de un prefecto del pretorio que no debe confundirse con los antiguos comandantes de la Guardia Pretoriana, que ostentaban el mismo título.
Puesta en juego en las luchas entre los tetrarcas, que siguieron a la abdicación (305) de Diocleciano, se reforzaron las murallas de Bizancio y ésta tomó partido, sucesivamente por Maximino Daya (308-313) y el de Licinio (308-324), quien se retiró allí después de la batalla de Adrianópolis y fue asediado por Constantino hasta que la ciudad se rindió.
Al principio, los tetrarcas no lograron detener la inflación; pero con la combinación de una serie de medidas económicas lograron contenerla y dejaron un sistema monetario parcialmente estable a sus sucesores.
Así: - Dos pilastras sirias del siglo IV traídas por los venecianos en el siglo XIII desde San Juan de Acre, entonces capital del reino cruzado de Jerusalén. - En la esquina, el grupo en pórfido llamado los Tetrarcas o Mori, procedentes de Constantinopla, siglo IV.
Diocleciano también aparece como el «fundador de la paz eterna», y el argumento de la restauración se une al énfasis que se hace en los extraordinarios logros obtenidos por los propios tetrarcas.
Siguiendo con esa idea, en la propaganda imperial del periodo se pervierte la historia reciente y se minimizan los logros alcanzados para presentar a los tetrarcas como los verdaderos «restauradores».
Ambos puntos de vista tenían parte de verdad, a pesar de los indudables sesgos de sus autores: Diocleciano y los tetrarcas incrementaron enormemente el ejército, y ese crecimiento se produjo principalmente en las regiones fronterizas, aunque es difícil establecer los detalles precisos de estos movimientos dada la escasa información de las fuentes.
Los logros de Aureliano, por ejemplo, son ignorados, la revuelta de Carausio se traslada temporalmente al reinado de Galieno y se da a entender de forma implícita que los tetrarcas fueron los artífices de la derrota del Imperio de Palmira, que tuvo lugar realmente en tiempos de Aureliano.
Los ideales cuasi-republicanos del primus inter pares de Augusto quedaron abandonados en un nuevo sistema en el que los únicos que podían considerarse comparables eran los propios tetrarcas.
Se delegaban algunas competencias civiles del emperador en el vicarius a consiliis sacris, mientras que las militares se ejercían a través de los jefes de la milicia, ayudantes directos de los tetrarcas.