terquedad


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terquedad

1. s. f. Cualidad o actitud de la persona que se mantiene en sus ideas, opiniones o deseos aun en contra de razones convincentes es tan exagerada su terquedad que no lograrás hacerle cambiar de parecer. obstinación
2. Disputa o discusión obstinada y tenaz se enzarzaron en una terquedad absurda. porfía

terquedad

 
f. Calidad de terco.
Porfía, disputa molesta y cansada.

terquedad

(teɾke'ðað)
sustantivo femenino
actitud de la persona que irracionalmente no cambia de opinión Demostraba gran terquedad al insistir en su empeño.
Sinónimos

terquedad

sustantivo femenino
obstinación*, testarudez, tozudería, tozudez, contumacia, tenacidad, tesón, porfía, cerrazón, pertinacia. condescencia, renuncia, blandura, comprensión.
Obstinación, testarudez, tozudería y tozudez tienen un matiz negativo, ya que en muchos casos se asocian con una actitud inmovilista o cerril. Contumacia alude al empeño obstinado de querer mantener una afirmación o una actitud que se sabe errónea. Tenacidad y tesón pueden tener un matiz positivo, ya que aluden a la perseverancia con la que, a pesar de las adversidades, se sigue adelante con una decisión. Pertinacia se dice, generalmente, con referencia a la duración de algo perjudicial: la pertinacia de la fiebre.
Traducciones

terquedad

Starrsinn

terquedad

obstinacy

terquedad

норов

terquedad

SF
1. (= obstinación) → stubbornness, obstinacy
2. (= dureza) → hardness, toughness
3. (Andes) (= severidad) → harshness, lack of feeling; (= indiferencia) → indifference
Ejemplos ?
No diré yo que esto del nuevo calendario deje de significar un progreso; que con mi terquedad no haría sino imitar al anciano aquel que, aferrado a las cosas de su mocedad, nada encontraba bueno en el presente.
Hasta creo que era una distracción agradable para los chicos que conducían los burros, y hasta quizá los más inteligentes de ellos, sabiendo lo que ocurría, les gustaba más (por la terquedad que forma el fondo de los caracteres) pasar por aquel camino.
Aunque me pusiera encima de la cabeza un peso de cincuenta libras y fuera con él hasta Putney no lo conseguiría: volverían a ponerse de puma en cuanto quitase- el peso. No puedes hacerte idea de su terquedad, Copperfield.
-¿Para qué viene usted a separar a estas dos criaturas insensatas? -replicó ella-. ¿No ve usted que están locos los dos de terquedad y orgullo? -¿Es culpa mía acaso?
Al fin la sirvienta, tentada por el olorcito del vino, no pudo resistir la invitación y alargó la mano a lo que les ofrecía, y cuando recobró las fuerzas con el alimento y la bebida, comenzó á atacar la terquedad de su ama: -¿De qué te servirá todo esto?
Continúaba, eso sí, por terquedad aragonesa, más que por otra cosa, diciéndose su mortal enemigo, y hablándole con aparente acritud y a voces, como si estuviera mandando soldados; pero sus ojos la seguían y se posaban en ella con respeto, y si por acaso se encontraban con la mirada (cada vez más grave y triste desde aquel día) de la impávida y misteriosa joven, parecían inquirir afanosamente qué gravedad y tristura eran aquéllas.
Sin esperanzas de que llegasen en su socorro fuerzas de la península, ni de que en el país hubiese una reacción en favor del sistema colonial, viendo a sus compañeros desaparecer día a día, diezmados por el escorbuto y por las balas republicanas, no por eso desmayó un instante la indomable terquedad del castellano del Callao.
¿Por qué convidar siempre a beber al primero que llegaba? ¡Qué terquedad en no querer llevar ropa de franela! Ocurrió que, a comienzos de la primavera, un notario de Ingouville, que tenía fondos de la viuda Dubuc, se embarcó un buen día, llevándose consigo todo el dinero de la notaría.
Cuadra, pues, bien al clan de los modernistas lo que tan apenado escribió nuestro predecesor: «Para hacer despreciable y odiosa a la mística Esposa de Cristo, que es verdadera luz, los hijos de las tinieblas acostumbraron a atacarla en público con absurdas calumnias, y llamarla, cambiando la fuerza y razón de los nombres y de las cosas, amiga de la oscuridad, fautora de la ignorancia y enemiga de la luz y progreso de las ciencias.»(23) Por ello, venerables hermanos, no es de maravillar que los modernistas ataquen con extremada malevolencia y rencor a los varones católicos que luchan valerosamente por la Iglesia. No hay ningún género de injuria con que no los hieran; y a cada paso les acusan de ignorancia y de terquedad.
Rectos ó torcidos, sus man- datos habían de obedecerse, sin que por Dios ni por sus santos amainara en terquedad, por mucho que se le probase que al- gunas de sus disposiciones redundaban en deservicio del rey ó desprestigio del gobierno, y que eran violatorias de la libe- ral Constitución promulgada en Cádiz por las Cortes del año 12.
Esta traza y estratagema que hasta hoy ha corrido, ponderada por ingenuidad de ánimo en el rey de Francia, en honrar la virtud y el valor aun en su mayor enemigo, como lo fue el Gran Capitán con tan coronadas vitorias, empezará a oírse con su propio nombre, reconociéndola todos por venganza astuta, dictada de la habilidad del temor, y lograda en la terquedad de celos de Estado.
Y en verdad, lector benévolo, que fuera terquedad fatua la de pintarte una estatua que no hemos visto jamás: figúrate tú un prodigio del genio humano y del arte, y excuso de ponderarte lo que te cansa quizás.