termas


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termas

(Del lat. thermae < gr. therma.)
1. s. f. pl. HISTORIA Baños públicos de los antiguos romanos.
2. Baños de agua mineral caliente. caldas

termas

 
f. pl. Caldas.
Edificio o establecimiento balneario en que se toman baños de aguas termales.
En la Roma antigua, edificio destinado a baños públicos.

termas

('teɾmas)
sustantivo femenino plural
baños de agua mineral que brota de una vertiente a altas temperaturas Visitamos unas termas en nuestro viaje a América del Sur.
Sinónimos

termas

sustantivo femenino plural
caldas, baños termales.
Traducciones

termas

terme

termas

SFPL (= baños) → thermal baths; (= manantiales) → thermal springs, hot springs
Ejemplos ?
Los romanos, que sus foros y templos se montaban en una plaza mezquina y de un punto de vista muy próximo, el claro oscuro se avenía mejor que la severidad dórica, pero la grandiosidad griega la llevaron al estilo corintio y compuesto y realmente en los interiores de las salas de las termas se hubiesen avenido mal las formas grandiosas y rígidamente severas y cuyos colores brillantes hubiesen producido habitaciones lóbregas y oscuras.
Tobar, Partidos triunfantes de la Beturia túrdula, el capítulo que el médico Villaescusa consagró á la Flora de Alange, en su monografía de aquellas celebradas termas, y dos ligeras Memorias de D.
En aquellos días tristes del mes de Octubre, en que los huéspedes del gran hotel de Termas-altas se apiñaban hacia la cabecera de la mesa, en el comedor frío y húmedo, a los postres, la conversación, antes floja y malhumorada, se animaba un tanto, aunque fuera para maldecir con nuevos alientos de la vida insoportable de aquel caserón y del abuso de las propinas.
Aquel buen tiempo que parecía haber traído consigo Anchoriz, se fue al traste; los aguaceros volvieron a poner sitio a Termas-altas; parte de la guarnición sitiada se rindió al enemigo, el hastío, y salió de la plaza sin honores de ningún género, porque ya no estaba allí, a la puerta, don Mamerto, para despedir a los que escapaban, con la marcha real.
esión de 1 de febrero de 1813 Nombramiento de Juez de Aguas.- Arriendo del edificio del basural.- Arancel del pan.- Sobre arancel para Cauquenes y otras termas.
Nada de esto ni de otras muchas cosas importantes ignora el fiscal, y por eso hace mal en poner reparos a un hombre que es sagrado en Termas-altas.
Son los que necesitan que el transporte funcione bien y siga subsidiado para poder seguir viajando barato porque no tienen auto o porque no lo pueden hacer, son los que necesitan que las universidades sigan siendo gratuitas para que sus hijos tengan la esperanza de poder capacitarse y tener un futuro mejor, son las miles de obras, como en las que estuve ayer en Santiago del Estero conmemorando los 459 años de la ciudad Madre de Ciudades de la Argentina donde inauguramos un aeropuerto en Termas de Río Hondo totalmente hecho con recursos públicos y también un fantástico centro de convenciones para más de 3.000 personas en la vieja estación Mitre.
Muchos años hacía, también aquel millonario había creído, como el jornalero Bernardo, en el misterioso prestigio de la medicina infalible, en el don de salud de la receta cara; con vanidad, con orgullo, casi contento con tener que poner a prueba el poder mágico del dinero, creyendo que hasta alcanzaba a dar vida, energía, buenas carnes y buen humor, el Fúcar aquel había derrochado miles y miles en toda clase de locuras y lujos terapéuticos; conocía mejor, y por cara experiencia, las termas célebres de uno y otro país que el famoso Montaigne, tan perito en aguas saludables; no había aparato costoso, útil para sus males, que él no hubiera ensayado; en elixires, extractos y vinos nutritivos había empleado caudales...
Del gimnasio y las termas regaladas leves vuelan cenizas desdichadas; las torres que desprecio al aire fueron a su gran pesadumbre se rindieron.
-Ese imperio destrozó en un punto bárbara hueste que lanzó cual raudo torrente el Septentrión: circos y templos, termas, palacios, todo, el habla misma despareció; mas al común estrago, sobre siglos sin fin, los inmortales cantos de Horacio y de Marón divinos sobreviviendo van, y allí la gloria del protector de las romanas letras.
Además, también aquellos arranques de misantropía se ponían en la cuenta aunque disimuladamente. El dueño de las Termas-altas vivía con sus rentas, es decir, con sus bañistas.
¡Cómo se aburre uno aquí!». Nadie diría que aquellas eran las mismas Termas-altas que se abrían por primavera al público. En Mayo llegaba el señor Campeche rozagante, alegre, silbando, azotándose el vientre ampuloso con el puño de marfil de su junquillo; apeábase de su cochecillo de dos ruedas pintado de amarillo, reluciente; daba un vistazo a los baños, a la fonda, a los jardines ya llenos de pájaros, locos de alegría, los primeros huéspedes; y tentándose el bolsillo, se decidía a emprender lo que él llamaba mejoras enfáticamente.