terco

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terco, a

1. adj. Que se mantiene en sus ideas o actitudes con obstinación es tan terco que nunca cederá. obstinado, pertinaz
2. Que es difícil de dominar o labrar animal terco; material terco. rebelde dócil
3. Ecuad. Que es desabrido o despegado.

terco -ca

 
adj. Pertinaz.
fig.Díc. de lo que es más dificil de labrar que lo ordinario en su clase.

terco, -ca

('teɾko, -ka)
abreviación
1. persona, animal que no cambia de opinión o actitud aunque se le den razones convincentes en su contra Es muy terco cuando se le pone algo en la cabeza.
2. que es característico de estas personas Tienes una actitud terca e infantil.
3. que implica o denota esta característica Llevó a cabo una acción terca e irreflexiva.
Sinónimos

terco

, terca
adjetivo
voluntarioso, constante*, tenaz, tesonero, tozudo, testarudo, obstinado, porfiado, pertinaz, cabezón, cabezota, contumaz, entestado, cazurro (col.), cabezudo, incontrastable, terne (col.), baturro (col.).
Voluntarioso, constante, tenaz y tesonero son estimativos y forman una serie intensiva. Todos los demás, incluyendo terco, son desestimativos.
«El obstinado persiste en sus opiniones; el tenaz, en su conducta; el testarudo lleva su persistencia hasta la temeridad y la obcecación.»
José Joaquín de Mora
Traducciones

terco

koppig

terco

teimoso

terco

العنيد

terco

Tvrdohlavý

terco

envis

terco

ADJ
1. (= obstinado) → stubborn, obstinate
terco como una mulaas stubborn as a mule
2. (Andes) (= severo) → harsh, unfeeling; (= indiferente) → indifferent
3. [material] → hard, tough, hard to work

terco-a

a. stubborn, obstinate; pop. hardheaded.
Ejemplos ?
Es también una convocatoria a todos para conocer y para aprender. Tuvimos que remover también muchos obstáculos, pero bueno, “terca la mula”, como me dicen, ahí fuimos.
Sentose sobre una piedra jadeante y sudorosa; su rostro parecía cadavérico; un terrible desmayo enseñoreábase de todo su ser; un dolor lento, sordo, penetrante, aquel que con tanta frecuencia la atormentaba, empezó a llenarle de angustias; después sintió un ligero cosquilleo en la garganta, y ¡oh infame cosquilleo! Pronto una tos terca, dura, cavernosa, le hizo llevarse el pañuelo a los labios...
Es uno a hierro y fuego el que destruye, y todo el pueblo con espanto huye.» Como el que vez primera oye el tumulto y el repicar de la campana terca, y ve el fuego a ninguno más oculto sino es a él, que toca más de cerca; así Carlos escucha el nuevo insulto, y ve el estrago dentro de la cerca; y tan mal sufre tal que con su gente; acude al ruido y al clamor que siente.
Y reyes, Walkers, Somoza formas de sumisión y explotación seculares, se han estrellado una, otra y otra vez, en la terca decisión de los nicaragüenses de ser libres, de ser nicaragüenses.
Y la música ¡oh Blanca! Es talisman que lo imposible vence Y del alma mas terca y mas bravia El pensamiento mas feroz arranca. Por una sola noche Demandaré un albergue en el castillo Y sin que nadie á sospecharlo alcance En el silencio de la noche umbría A solas con tu padre razonando Lograré que consienta; y mas llegando A saber con mi nombre La razon de dejar la patria mia.
También estamos convencidos de que es una lucha de siempre, constante y terca, como constante y terca es la tendencia a resurgir del fenómeno caciquil.
Yo sentí el alma llena de ternura por aquella niña de los ojos aterciopelados, compasivos y tristes. La memoria acalenturada, comenzó a repetir unas palabras con terca insistencia: —¡Es feúcha!
Los años pasados me parecieron llenos de sombras, como cisternas de aguas muertas. La voz de la corazonada repetía implacable dentro de mí aquellas palabras ya otra vez recordadas con terca insistencia.
Había un padre que tenía una hija muy hermosa, pero muy voluntariosa y terca. Se presentaron tres novios a cual más apuestos, que le pidieron su hija; él contestó que los tres tenían su beneplácito, y que preguntaría a su hija a cuál de ellos prefería.
Amiga del boato, manirrota, terca y regañona, atosigaba al pobrete del marido con exigencias de dinero; y aquello no era casa, ni hogar, ni Cristo que lo fundó, sino trasunto vivo del infierno.
El de San Javier quiso agarrar las estrellas con la mano izquierda, y suplicó y amenazó. Doña Rosa se mantuvo terca. Acudió la madrina, y el marido, a quien se le hacía muy duro no dar un mordisco al pan de la boda, la expuso su cuita, imaginándose encontrar en la abadesa persona que abogase enérgicamente en su favor.
Ya experimentaba la aguda sensación de un clavo que le barrenaba los sesos -y el clavo no era sino idea fija, terca y profunda-, ya notaba el rodar, ir y venir de bolitas de plomo que chocaban entre sí, haciendo retemblar la bóveda craneana y las bolitas de plomo se reducían a dudas, cavilaciones y agitados pensamientos.