Ejemplos ?
También era más fácil encontrar verdadera hospitalidad en el simple rancho de algún hacendado pobre que en las mismas casas de negocio, que siempre tienen el recelo de ser una presa tentadora para los aventureros, y que por esto se contentan con edificar a cierta distancia de la casa, y cerco afuera, una ramada sin puerta, donde el viajero nocturno encuentra lo necesario para cebar mate, -si es que trae yerba,- y...
La gordura es tentadora; y aunque no precise tropilla, el que da, por casualidad, con una, bien gorda, no sabe siempre resistir, y se la lleva; pero, ¿quién se va a meter a arrear flacos, para hacerse alcanzar por cualquier gringo?
Y sentádose que hubo Rosario y adoptada la postura más tentadora, fue su primera mirada para la reja de Dolores, cerrada herméticamente y sin que rama ni flor alguna la alegrara con sus colores y perfumes.
----------------- Marchose la pobre niña ocultando su tristeza… en vano pide limosna… ninguno escucha sus quejas… Y desfallecida y débil, cruza calles y plazuelas recordando en su amargura la tentadora muñeca… ----------------- –¡Caballero, una limosna a esta pobrecita huérfana!
Éste sonrió de alegría al ver las perdices; pero Samaniego notó que al llevarse a la boca un trozo de tentadora pechuga, se puso descolorido y masticaba como con repugnancia.
Una bata blanca llena de encajes ceñíase dúctil y tentadora a su cuerpo, donde cada curva era un espolazo en los sentidos para todo el que en ella posaba sus ojos; de nácar parecía su semblante oval y de graciosa expresión, y de azabache parecían sus ojos grandes y adormilados, sus cejas pobladísimas y la reluciente crencha que rizábasele sobre la tersa frente.
Como obedeciendo Ibáñez a oculta causa imperiosa, o de antiguo pensamiento a la fuerza tentadora, debajo los combustibles metió resuelto la antorcha.
Partamos: yo soy tu amor, soy tu Inés. Y los brazos le tendía la de Alvarado también, de la reja tentadora tras el cuádruple cancel.
Y si el señor Frasquito había llegado a la casi total abdicación de sus ya remotas arrogancias, en cambio Dolorcita estaba que metía miedo de buena moza; los cinco años transcurridos habíanle convertido en arrogantísima matrona de amplísima y redonda cadera, de talle siempre esbelto y de seno de tentadora curvatura; su rostro, antes algo enjuto, habíase redondeado, atersándose su piel blanca como el marfil y fina como el raso; el amor al acariciarla con un ala solamente no había podido ajar su espléndida hermosura.
Por fin, luego de la tentadora seducción provocada por un pastelillo, la mujer lo pudo coger y como no era muy grande, lo levantó entre sus brazos para llevarlo hasta un automóvil.
Siglos y siglos hace que a la pobre Eva le estamos echando en cara la curiosidad de haberle pegado un mordisco a la consabida manzana, como si no hubiera estado en manos de Adán, que era a la postre un pobrete educado muy a la pata la llana, devolver el recurso por improcedente, y eso que, en Dios y en mi ánima, declaro que la golosina era tentadora para quien siente rebullirse una alma en su almario.
Este matrimonio nos trae al magín un soneto que escribimos, allá por los alegres tiempos de nuestra mocedad, y que, pues la ocasión es tentadora para endilgarlo, ahí va como el caballo de copas: Caséme por mi mal con una indina, fresca como la pera bergamota; trájome suegra y larga familiota y por dote su cara peregrina.