tenebroso

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tenebroso, a

(Derivado del lat. tenebra, tiniebla.)
1. adj. Que está oscuro o en tinieblas no se veía nada en el tenebroso callejón. oscuro
2. Que produce miedo no quiero pasar cerca del tenebroso cementerio. tétrico
3. Que tiene intenciones ocultas y perversas sé que tienen un plan tenebroso. truculento
4. Que anuncia desgracia le espera un porvenir tenebroso . halagüeño

tenebroso, -sa

 
adj. Oscuro, cubierto de tinieblas.
fig.Oculto y malévolo.

tenebroso, -sa

(tene'βɾoso, -sa)
abreviación
1. lugar que es oscuro y está cubierto de tiniebla un castillo tenebroso
2. que es sombrío, está cargado de misterio y produce miedo Nos relató una historia tenebrosa.
3. que está oculto y anuncia una desgracia Tuvo una premonición tenebrosa.
Sinónimos

tenebroso

, tenebrosa
Traducciones

tenebroso

gloomy

tenebroso

tenebroso

tenebroso

tenebroso

tenebroso

ADJ
1. (= oscuro) → dark, gloomy
2. [perspectiva] → gloomy, black
3. (pey) [complot, pasado] → sinister
4. [estilo] → obscure
Ejemplos ?
Empezó a lanzar tantas llamaradas de fuego y tan espeso y continuo, que la noche parecía día claro en las riberas del mar, y en todos los pueblos de alrededor. Pasados dos días, el volcán se comenzó a cubrir de una nube tenebrosa y oscura.
La brillante luz del sol se hundió en el Océano, trayendo sobre la alma tierra la noche obscura. Contrarió a los teucros la desaparición de la luz; mas para los aqueos llegó grata, muy deseada, la tenebrosa noche.
Trémulo y cabizbajo echó delante (195) De la turba infernal que silenciosa Caminaba tras él poco distante, Hasta dar en la iglesia tenebrosa.
No nacía más que una nube, no nacía más que una lluvia tenebrosa, no nacía más que un lodo, no nacía más que una bruma que las tribus veían ante ellas.
Era la cosa más tenebrosa y lóbrega que jamás se vio, porque ni con la lumbre se acertaba a andar por las calles ni entrar en las iglesias.
“Muy bien. Id a vuestra morada”, se les dijo. Entonces invictos, entraron en la Mansión Tenebrosa. Ésa era la primera prueba de Xibalbá.
Ya no se oyó el ruido de los autos ni murmullo de voces humanas; todo fue deshecho por una calma tenebrosa, como si algo diabólico paseara sigiloso de un lado a otro buscando una víctima para llevársela consigo.
Como refiero arriba, no hubo jamás en treinta días uno seguro, porque, si alguno amaneció claro y sereno, luego se obscurecía, de manera que parecía noche tenebrosa, y los aires que se levantaban y con ello la ceniza ahogaba la gente y la hacía estar encerrada, y por todas partes se vio esta desdichada y afligida ciudad rodeada de trabajos y aflicciones y, según refieren personas fidedignas que en estas tribulaciones se hallaron, no fue la mitad de lo que está dicho la calamidad y desventura que pasaron los pobres ciudadanos de Arequipa, lo cual puedo afirmar yo como testigo de vista, que a todo me hallé presente en la dicha ciudad.
En ellos pondré, como en un vaso sagrado, el supremo elíxir que las múltiples experiencias de los hombres y de la vida, hayan depositado en el fondo de mi alma ardiente y tenebrosa.
Incorporóse Néstor apoyándose en el codo, alzó la cabeza, y dirigiéndose al Atrida le interrogó con estas palabras: —¿Quién eres tú, que vas solo por el ejército y los navíos, durante la tenebrosa noche, cuando duermen los demás mortales?
Objeción, basada en la confusión de lo uno y de lo múltiple, a que se llega considerando el estado de Hayy, y se resuelve teniendo en cuenta que la «manera» mística es diferente de la facultad lógica ordinaria Me parece ver levantarse aquí un murciélago de esos a quienes el sol nubla los ojos, debatiéndose bajo las cadenas de su tenebrosa ignorancia, para decir: «Ciertamente tu sutileza avanza tanto que se aparta de lo natural en los hombres dotados de razón, y rechaza la autoridad de ella; porque un decreto de la razón es que la cosa o es una o es múltiple».
En aquella época rindió culto a María Estuardo y veneración entusiasta a las mujeres ilustres o desgraciadas: Juana de Arco, Eloísa, Inés Sorel, la bella Ferronniere, y Clemencia Isaura para ella se destacaban como cometas sobre la tenebrosa inmensidad de la historia, donde surgían de nuevo por todas partes, pero más difuminados y sin ninguna relación entre sí, San Luis con su encina, Bayardo moribundo, algunas ferocidades de Luis XI, un poco de San Bartolomé, el penacho del Bearnés, y siempre el recuerdo de los platos pintados donde se ensalzaba a Luis XIV21.