templario

(redireccionado de templarios)

templario, a

(Del Temple, orden militar y religiosa.)
1. adj. HISTORIA De dicha orden militar y religiosa, cuyo objetivo era defender Tierra Santa y a sus peregrinos.
2. s. m. HISTORIA Miembro de esta orden militar y religiosa.

templario

 
m. hist. Individuo de una orden militar y religiosa fundada por Hugues de Payns y otros caballeros franceses en 1118 con el fin de proteger a los peregrinos de los Santos Lugares. Estaba constituida por caballeros (jefes militares), escuderos (sargentos), hermanos laicos (soldados) y clérigos. Recibieron el nombre del Templo de Salomón. Su hábito consistía en una capa blanca con una cruz roja.
Traducciones

templario

圣殿

templario

聖殿

templario

Templar

templario

SMTemplar
Ejemplos ?
Admitido en 1744 á ejercer en la Corte la profesión de Abogado, y en medio de los muchos negocios que su fama atraía á su bufete, halló tiempo para escribir un tomo bastante abultado sobre la causa de los Templarios, y para traducir del árabe los capítulos 1.° y 3,° de la 2.ª parte de la Agricultura del Sevillano Abu Zacaria-Ebn el Awan.
Sobre el Duero, que pasa lamiendo las carcomidas y oscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios, cuyas posesiones se extendían a lo largo de la opuesta margen del río.
Nadie ignora la existencia misteriosa, si no es mejor dicho obscura hasta lo legendario, de aquella Orden de los Asesinos, que durante los siglos XI a XIII aterrorizó el Oriente musulmán, imponiéndose a los propios cruzados, hasta engendrar entre ellos mismos la hermandad filial de los Templarios, no menos enigmática para la historia de la cristiandad.
de que besaban las partes genitales de sus sacerdotes, como se acostumbra todavía con los santones de África; y de que se manchaban con todas las torpezas de que después se ha acusado a los Templarios.
–Sea como quiera –añadió, titubeando ligeramente–, hubo muchas iniciaciones de templarios que la misma orden conservó secretas, sobre todo al agravarse su persecución.
En aquella barca había creído distinguir una forma blanca y esbelta, una mujer sin duda, la mujer que había visto en los Templarios, la mujer de sus sueños, la realización de sus más locas esperanzas.
Manrique, presa su imaginación de un vértigo de poesía, después de atravesar el puente, desde donde contempló un momento la negra silueta de la ciudad que se destacaba sobre el fondo de algunas nubes blanquecinas y ligeras arrolladas en el horizonte, se internó en las desiertas ruinas de los Templarios.
Dos meses habían transcurrido desde que el escudero de don Antonio de Valdecuellos desengañó al iluso Manrique; dos meses durante los cuales en cada hora había formado un castillo en el aire, que la realidad desvanecía con un soplo; dos meses durante los cuales había buscado en vano a aquella mujer desconocida, cuyo absurdo amor iba creciendo en su alma, merced a sus aún más absurdas imaginaciones, cuando, después de atravesar, absorto en estas ideas, el puente que conduce a los Templarios, el enamorado joven se perdió entre las intrincadas sendas de sus jardines.
Ramon de Moncada y de los templarios; y pronto se distinguió tras el collado á la horda sarracena, preparada para el combate; y dada la señal, con pavoroso estrépito se trabó la lid, haciendo cada parte cuanto podia.
Todos que ante Dios, para bien de nuestra alma y de la de nuestros antepasados y herederos, en loor a Dios y para mayor gloria de la Santa Iglesia, y la mejor ordenación de nuestro Reino, por consejo de nuestros reverendos padres Esteban, arzobispo de Canterbury, primado de toda Inglaterra y cardenal de la Santa Iglesia Romana; Enrique, arzobispo de Dublin; Guillermo, obispo de Londres; Pedro, obispo de Winchester; Jocelino, obispo de Bath y Glastonbury; Hugo, obispo de Lincoln; Walter, obispo de Coventry; Benedicto, obispo de Rochester; Maestro Pandolfo, subdiácono y miembro de la casa papal; Hermano Aimerico, maestre de los caballeros templarios en Inglaterra...
1307, Pastorales praeminentiae, de Clemente V, por la que se ordenó el arresto de los Templarios y la confiscación de sus bienes.
La radicalidad religiosa y el apoyo al brazo más radical de la orden de los Templarios en sus ataques a diversas localidades y estructuras sarracenas desembocarían en un enfrentamiento final entre Guy de Lusignan y el propio Saladino.