temerse


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temerse

(te'meɾse)
verbo pronominal
sospechar que una cosa sea mala o que tenga efectos negativos Me temo que no nos alcanzará el tiempo para terminar el trabajo.
Ejemplos ?
Estimo que debe desecharse el prejuicio reaccionario de incapacidad del pueblo y que ya no puede temerse que la facción conservadora detenga o retrase la marcha de la Revolución.
Me gustaría lo mismo, decía un sabio, que mi discípulo hubiese pasado el tiempo en un juego de pelota, pues al menos habría ejercitado el cuerpo y estaría en ello ágil. Sé que es preciso darles ocupación a los niños y que la ociosidad es para ellos el peligro que más debe temerse.
Y aunque suele temerse que el voto de la mujer traiga aparejados problemas de índole antirrevolucionario al ser emitido, esto no debe detener la acción legislativa ya que uno de nuestros deberes elementales es el organizar y encauzar en un sentido favorable para la Nación las actividades fundamentales del poder soberano del pueblo.
Aconsejó la camarera a la reina que para sosegar el mal que podía suceder entre su parentela y la de Ricaredo, que se quitase la causa de por medio, que era Isabela, enviándola a España, y así cesarían los efectos, que debían de temerse.
El proyecto benéfico que movió a ustedes a dejar su patria, va a ser protegido por personas de concepto, de relaciones y propiedades; y con tal apoyo no debe temerse el éxito mientras la conducta de ustedes no desmerezca sus confianzas.
Mas siendo cierto que lo hay, no debe temerse más peligro, que el que se advierte en todas las ocasiones que tienen de verse los hombres, y las mugeres; cuyo peligro no las prohibe absolutamente porque es necesario juntarse algunas veces, y porque el vicio de un particular no debe, ni puede destruir el bien general.
El Real Acuerdo, adonde más inmediatamente pudiera considerarse ofendido, sea cual fuere el trastorno de lo determinado, el citado día antes de ayer habrá dirigido sus oficios que en todo caso lo resguarden de resultas que, casi con evidencia deben temerse dolorosas en el hecho de adoptarse cualquiera variación de Gobierno con muchos o pocos votos, porque para uno, ni otro caso podemos hoy, si somos fieles vasallos del Rey Católico y subordinados al Soberano Consejo de Regencia, reconocer una potestad legalmente autorizada para discutir sobre nuestro sistema de Gobierno.
¿Y de qué podían temerse o dolerse aquellos hombres colmados de tantos bienes, donde ni temían a la muerte, ni alguna mala disposición del cuerpo, ni les faltaba cosa que pudiese alcanzar la buena voluntad, ni tenían cosa que ofendiese a la carne o al espíritu del hombre en aquella dichosa vida?
En una palabra, si esta imagen puede resumir las impresiones que el hombre elegante produce en una joven ignorante, ocupada sin cesar en reparar medias, en remendar la ropa de su padre y cuya vida había transcurrido en aquella sombría casa, sin ver pasar por su silenciosa calle más que un transeúnte por hora, la presencia de su primo hizo surgir en su corazón las emociones de fina voluptuosidad que causan a un joven las fantásticas figuras de las mujeres dibujadas por Westall en los álbums ingleses, y grabadas a buril por los Finden con tanta habilidad, que llega a temerse que, soplando sobre el cartón, lleguen a borrarse aquellas apariciones celestes.
Hay que reunir elementos, sumar fuerzas, acumular actividades. ¿Cómo, sin que haya de temerse una irrupción del principio de autoridad?
La conjuracion, reducida en un principio, como una simple conspiracion, á cierto número de conjurados, se vé forzada á llamar en su socorro y comunicar su secreto a una multitud de conjurados necesarios para grandes y peligrosas empresas; de manera que cuanto mas temible se hace por el número, tanto mas tiene que temerse á sí misma: de aquí es que la suerte comun de las conjuraciones es la de ser descubiertas.
Es de esperar que, cimentado este paso, si llega el desgraciado momento de saberse sin duda alguna la pérdida absoluta de la Península, se halle el distrito del vireinato de Buenos Aires sin los graves embarazos que por la incertidumbre y faltó de legítima representación del soberano en España á la ocupación de los Franceses, la pusieron en desventaja para sacudirse de ellos; puesto que tanto como el enemigo descubierto invasor debe temerse y precaverse el que desde lo interior promueve la desunión, proyecta la rivalidad, y propende á introducir el conflicto de la suerte política no prevenida.