tembloroso

(redireccionado de temblorosa)
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tembloroso, a

1. adj. Que tiembla llegó llorando, nervioso y tembloroso. temblón
2. Se aplica a la voz entrecortada su voz temblorosa indicaba su nerviosismo.

tembloroso -sa o tembloso-sa

 
adj. Que tiembla mucho.

tembloroso, -sa

(temblo'ɾoso, -sa)
abreviación
que se agita o tiembla Contaba los hechos con voz temblorosa.
Sinónimos

tembloroso

, temblorosa
Traducciones

tembloroso

roztřesený

tembloroso

usikker

tembloroso

wackelig

tembloroso

shaky

tembloroso

hutera

tembloroso

tremblant

tembloroso

drhtav

tembloroso

よろよろする

tembloroso

떨리는

tembloroso

beverig

tembloroso

oppskaket

tembloroso

drżący

tembloroso

trémulo, trêmulo

tembloroso

skakig

tembloroso

สั่นคลอน

tembloroso

bitkin

tembloroso

run rẩy

tembloroso

虚弱的

tembloroso

ADJ
1. [persona] (por miedo) → shaking, trembling; (por frío) → shivering
con voz temblorosain a tremulous o shaky voice
2. [llama] → flickering

tembloroso -sa

adj tremulous, shaky (fam)
Ejemplos ?
Cuando el Ratón oyó estas palabras, dio media vuelta y nadó lentamente hacia ella: tenía la cara pálida (de emoción, pensó Alicia) y dijo con vocecita temblorosa: - Vamos a la orilla, y allí te contaré mi historia, y entonces comprenderás por qué odio a los gatos y a los perros.
Iba cubierto con una vestidura de cristal, con una armadura de espejos en la que se reflejaba el sol, rodeándolo con un nimbo de deslumbrantes rayos. La bestia, que iba a lanzarse sobre él, parpadeó temblorosa, deslumbrada, y comenzó a retroceder.
Con inquieta y temblorosa prontitud se bajó los harapos que traía como pantalones y en un gesto lujurioso se enlagartijó sobre la inerte.
Porque escribir de la realidad… mejor vivirla. Doña Blusa tiembla cuando se mueve el cable Temblorosa Doña Blusa se puso blanquísima de susto.
Tengo estos detalles tan presentes como si fueran de ayer, y aunque estaba profundamente turbado nada escapó a mis ojos; ni siquiera el más pequeño detalle: el lunar en la barbilla, el imperceptible vello en las comisuras de los labios, el terciopelo de su frente, la sombra temblorosa de las pestañas sobre las mejillas, captaba el más ligero matiz con una sorprendente lucidez.
Con temblorosa mano y con ojos de lágrimas henchidos, sostenía y miraba al resto humano, cuya faz por el polvo consumida, falta de voz, de aliento y de sentidos, no podía decirle para ayuda de su espantosa duda el más allá de la afanosa vida.
De repente, la pobre mujer, con su desagraciada figura arrugada y su cabeza temblorosa, se vio rodeada de todos los hombres que andaban por allí.
Sí, eso sí, palabras de miel no le faltaban a Antonio; aquello lo decía él como quien echa azúcar en un brebaje amargo y venenoso, y menos mal mientras duró el azúcar, pero ya..., ya no iban siendo más que hieles; cada vez que ella le preguntaba, con voz tímida y temblorosa, cuándo le iba a cumplir su promesa, él fruncía el entrecejo y, con una inflexión de voz hasta entonces para ella desconocida, respondíale bruscamente: -Si tu quiées que yo agüeque el ala y no me güerva a parar en este caballete, no tiées más que seguir por ese camino.
-Tú acapararás las riquezas del mundo, serás comerciante, prestarás dinero a los reyes, tratándolos como iguales, y si arruinas a todo un pueblo, el mundo entero admirará tu habilidad. El pobre Adán lloraba de agradecimiento, mientras Eva, inquieta y temblorosa, intentaba decir algo, si decidirse a ello.
Pálida y temblorosa, acercóse al lecho, y tras contemplar el semblante del hombre amado durante algunos instantes, -¡Pobretico, pobretico mío!-exclamó, no pudiendo aguantar los impulsos de su pena y su cariño, y aprisionando a Curro entre sus brazos, besóle con desesperado ahínco en la sudorosa y calenturienta frente.
El funcionado se abalanzó sobre ella en una perfecta convulsión de alegría, la abrió con mano temblorosa, arrojó una rápida ojeada a su contenido, y entonces, agitado y fuera de sí, abrió la puerta y sin ceremonia de ninguna especie salió del cuarto y de la casa, sin haber pronunciado una sílaba desde que Dupin le había pedido que hiciera el cheque.
Este atropello tan burdo y cobarde ejercido en una mujer, a la que por pura deferencia se le admiten dos colchas en la prisión, viene a dar de lleno en el espíritu apocado de muchas ilusos, que, cantando la vieja y temblorosa salmodia del orden y la paz y el respeto a la legalidad, esperan que la tiranía les hiciera gracia de todo maltrato y premiara su pasivismo con la libertad cuya conquista temen emprender digna y virilmente.