tedio


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tedio

(Del lat. taedium, fastidio.)
1. s. m. Aburrimiento extremo o cansancio producido por una cosa que no interesa el tedio se reflejaba en la cara del público que asistió a la conferencia. hastío
2. Estado de ánimo de la persona que no siente interés por lo que le rodea o por la vida en general. apatía, desgana ilusión

tedio

 
m. Repugnancia, fastidio o molestia.

tedio

('teðjo)
sustantivo masculino
sensación de fastidio que produce una cosa aburrida o poco interesante No aguanto el tedio de las reuniones familiares.
Sinónimos
Traducciones

tedio

tédio

tedio

无聊

tedio

無聊

tedio

SM (= aburrimiento) → boredom, tedium; (= vaciedad) → sense of emptiness
me produce tedioit just depresses me
Ejemplos ?
Non querré, si podiero, la razon alongar, Ca vos avriedes tedio, io podrie peccar, De la oraçion breve se suele Dios pagar, A nos essa nos desse el Criador usar.
Por todas partes se le tienden lazos, se le asestan flecheras miradas y tiernas sonrisas; los amigos casados -supongo que con la intención de un miura- le asaetean a bromas incitándole a entrar en el gremio; las mamás y papás le dedican peligrosas amabilidades o, si la niña es rica, le obsequian con inesperados sofiones; pero, sobre todo, el tedio, la insufrible pesadez de la vida angosta le producen eso que ahora llaman «sugestión», y le incitan a acurrucarse en un caliente nido familiar que se supone asilo de la dicha, sin que para esta ilusión, como para las demás humanas, haya escarmiento posible en cabeza ajena.
Era morena y pálida; sus cabellos ondulados y rizados, negros como la noche, se recogían ligeramente hacia las sienes a la moda griega, y en su cara de un tono mate brillaban unos ojos oscuros y dulces, cargados de una indefinible expresión de tristeza voluptuosa y de tedio apasionado; su boca, desdeñosamente arqueada en las comisuras, protestaba por medio del fuego vivo de su púrpura encendida contra la blancura tranquila de la máscara; su cuello presentaba esas bellas líneas puras que ya no se encuentran sino en las estatuas.
De estas poderosas razones trae su origen el no estudiar, del no estudiar nace el no saber, y del no saber es secuela indispensable ese hastío y ese tedio que a los libros tenemos, que tanto redunda en honra y provecho, y sobre todo en descanso de la patria.
Día con día solazan nuestros ojos tenues y probables escarceos, mas cobardes limitados, no aceptan los candados nuevas llaves que nos salven de caer en el tedio acorralado de cervezas y cacharros.
La Niña Chole, con ese desdén patricio que las criollas opulentas sienten por los negros, volvió a él su hermosa cabeza de reina india, y en tono tal, que las palabras parecían dormirse cargadas de tedio en el borde de los labios, murmuró: -¿Acabarás?...
¡sólo he conseguido perder el tuyo! El tedio, el horror y el asombro sellaban los labios de Pedro. -Y no obstante -prosiguió ella-, tú eres el solo hombre, el solo ser que he querido!
Cómo los exprimen engreídos de su triunfo y de su sueldos y cómo los matan con alcoholes en el tedio de la esbelta careta de una vida cómoda.
¿Acaso su corazón, más seco que la arena, y un tedio cargado de versatilidad, o su enorme desprecio por el dinero, que la tornaba tan grande e inconquistable como el mismo Califa, que todos los viernes acudía a la mezquita, seguido de un escuadrón y un descabalgado caballo de guerra?
Tuvo una elevación diaria de temperatura, que en vano combatió con la quinina, y el médico, no sabiendo qué disponer, no teniendo remedios para aliviar, la envió a que pasase un mes respirando aire puro y saturado de emanaciones balsámicas en un sanatorio del Mediodía, de esos en que la sobrealimentación y la suavidad del clima suelen proporcionar alivio; pero el tedio y la contemplación de tantas miserias fisiológicas abruman con la pesadumbre de la fatalidad que nos rodea.
Mi estado de ánimo, saturado de repugnancia y de tedio, pasa al sueño en tanto en cuanto le es dado aportar casi todo el material del contenido manifiesto.
Era preciso que usted pudiese apreciar vivos estos dos cuadros para que no dudase sobre cuál de ellos cernía más el tedio sus negras alas, y qué generación vivía más tranquila y más risueña, si la que se cubre con el oropel de la moderna sabiduría, o la cobijada bajo los harapos de nuestra vieja ignorancia.