teñido


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teñido

s. m. Acción y resultado de teñir o teñirse aquí se realiza el teñido de las fibras. teñidura
Traducciones

teñido

SMdying
Ejemplos ?
Cada vez que le abrían la puerta escupía una llama; tal era su costumbre. El blanco rostro del hombre de nieve quedaba entonces teñido de un rojo ardiente, y su pecho despedía también un brillo rojizo.
Asimismo surge una tendencia que se anticipa en la escena cultural e ideológica, moviéndose entre posiciones revolucionario-democráticas (José Martí), democrático liberales (Rodó), democrático nacionalistas (Ugarte), democrático conservadoras (Vasconcelos). A estas figuras se suman ideólogos de un socialismo teñido de liberalismo, como Juan B.
Sin despojarse completamente de los contenidos utópicos de la herencia ilustrada, y reafirmando los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, así como la defensa de la propiedad individual frente a la corporativa (feudal-colonial), el realismo social del nuevo liberalismo, teñido más tarde de cientificismo positivista, quedó como un rasgo distintivo de la ideología demoliberal, hasta que la reacción antipositivista del siglo XX parcialmente lo sepultó.
Poco a poco, entre dormido y despierto, con un sueño un poco teñido de fiebre, el 36 fue transformando la tos del 32 en voz, en música, y le parecía entender lo que decía, como se entiende vagamente lo que la música dice.
Enclavado en un madero, en duro y postrero trance, ceñida la sien de espinas, descolorido el semblante, víase allí un crucifijo teñido de negra sangre a quien Toledo devota acude hoy en sus azares.
¡Qué de procesos importantes ha manchado! y, ¡qué de camisas de Cambray y Holanda ha teñido! Y al fin le han servido de limpiadera las mejores y más hermosas manos del mundo, según aquel: La mano de marfil es muy forzoso que al culo de su dueña haya llegado.
Había una gran revolución en la atmósfera, los vientos soplaban en sentido contrario unos de otros, las ramas y gajos de los árboles desprendidos por la furia del huracán cruzaban los aires, cada trueno parecía que partía los cielos, y abría bocas cavernosas en la superficie de la tierra; las plantas olorosas que tapizaban la deliciosa costa del Paraná habían perdido su precioso color de verdura, el césped estaba teñido de sangre.
Las plumas eran ordinarias y tiesas; el encaje, basto; los guantes, zurcidos con habilidad; las perlas, descaradamente falsas; el brazalete, de similor; el pelo, teñido baratamente con agua oxigenada; la tez, clorótica al través de la pintura, y la mano, huesuda y curtida bajo el calado, mano que en el secreto del domicilio tiene que empuñar la escoba y mondar el medio kilo de patatas...
Contóle que de aquella manotada, con su cuerpo afligido, de miedo helado y de licor teñido, descalabró los aires, y, con otros agravios y desaires, que prometió vengarse por la espada de haberle enamorado a Zapaquilda y hablarla en el tejado de Casilda (una tendera que en la esquina estaba); y dijo que pensaba, en desprecio y afrenta de sus dones, hacer de los listones cintas a sus zapatos.
i de mi baxa lira tanto pudiese el son, que en un momento aplacase la ira del animoso viento y la furia del mar y el movimiento; y en ásperas montañas con el suave canto enterneciese las fieras alimañas, los árboles moviese, y al son confusamente los traxese; no pienses que cantado sería de mí, hermosa flor de Gnido, el fiero Marte airado, a muerte convertido, de polvo y sangre, y de sudor teñido; ni aquellos capitanes en las sublimes ruedas colocados, por quien los alemanes el fiero cuello atados, y los franceses van domesticados.
Alegróse Diomedes, valiente en el combate; y clavando la pica en el almo suelo, respondió con cariñosas palabras al pastor de los hombres: —Pues eres mi antiguo huésped paterno, porque el divino Eneo hospedó en su palacio al eximio Belerofonte, le tuvo consigo veinte días y ambos se obsequiaron con magníficos presentes de hospitalidad. Eneo dio un vistoso tahalí teñido de púrpura, y Belerofonte una copa doble de oro, que en mi casa quedó cuando me vine.
Este, a su vez, dio una lanzada a Dólope en la parte inferior de la cimera del broncíneo casco, rompióla e hizo caer en el polvo el penacho recién teñido de vistosa púrpura.