tatarabuelo


También se encuentra en: Sinónimos.

tatarabuelo, a

s. Respecto de una persona, padre o madre de su bisabuelo o bisabuela. rebisabuelo

tatarabuelo, -la

 
m. f. Tercer abuelo, el cual tiene el cuarto grado de consanguinidad en la línea recta ascendente.

tatarabuelo, -la

(tataɾa'βwelo, -la)
sustantivo masculino-femenino
padre o madre de los bisabuelos de una persona Mi tatarabuelo fue gobernador de la provincia.
Sinónimos

tatarabuelo

, tatarabuela
sustantivo
Traducciones

tatarabuelo

trisavolo

tatarabuelo

Großvater

tatarabuelo

grand-père

tatarabuelo

grootvader

tatarabuelo

avô

tatarabuelo

جده

tatarabuelo

dziadek

tatarabuelo

Дядо

tatarabuelo

dědeček

tatarabuelo

bedstefar

tatarabuelo

할아버지

tatarabuelo

farfar

tatarabuelo

ปู่

tatarabuelo

/a SM/Fgreat-great-grandfather/-mother
mis tatarabuelosmy great-great-grandparents
Ejemplos ?
A su hijo Fernando, ante la posibilidad de llegar a cardenal, le hicieron entrar en religión, pero escogió ser franciscano y cambió su nombre por el de Fray Pedro González de Mendoza (como su tatarabuelo el Gran Cardenal Mendoza), y llegaría a ser arzobispo.
Su tatarabuelo paterno, Jean de La Bruyère, farmacéutico de la calle Saint-Denis, y su bisabuelo, Mathias de La Bruyère, lugarteniente civil de la prefectura y vizconde de París, tuvieron en el siglo XVI gran preponderancia en la Santa Liga de París.
Muchos de sus antepasados tuvieron destacadas actuaciones políticas, como su tatarabuelo Blas Videla y su abuelo Jacinto Videla, gobernador de San Luis entre 1891 y 1893.
A través de su familia paterna, Bachelet desciende de inmigrantes franceses luego de que su tatarabuelo, el vinicultor Joseph Bachelet, llegara a Chile desde Burdeos tras ser contratado por la familia Subercaseaux.
Eso sí, muy alejadamente disfrutábamos la carne de res. Barbacoa y carnitas nunca se conseguían, así que mi tatarabuelo se acostumbró a una alimentación sobria y sin grasas.
De apuntaciones guardo mamotretos que explotarán mis nietos si se inclinan, mejor que a cascar nueces, a rebuscar vejeces. Lo que presente es hoy será pasado, y ya no habrá menguado que alce el moño y que salga haciendo el duelo por un tatarabuelo.
Yo tengo en mi casa un espejo, y esta mañana me fui al espejo y le dije al espejo: «Mira, espejito, yo tengo cincuenta y dos años, tres meses y catorce días; yo de tos esos años cuasi cuarenta me los he pasao bebiendo cencia y mundología por montes y llanuras; jasta la presente me he mantenío más libre que una golondrina, tengo un armacén de semillas que me da pa vivir como los propios ángeles, y como los propios ángeles seguiría viviendo si no me hubiera metío en un mal fregao, u sea en empezar a perder los papeles por una chavalilla de la cual pudiera yo ser tatarabuelo...
Algo de felicidad le daba aquella lágrima que derramó al votar; la más grande primera vez de su vida. CIEN CUMPLEAÑOS Ayer fuimos al campo para celebrar una gran fiesta: mi tatarabuelo cumplió cien años.
Nuestros abuelos ANAHUACAS hablaban del TEOTL, la energía creadora por la cual todos existimos, es decir, IPALNEMOHUANI de donde surgió el primer ser: HUEHUETEOTL, el fuego tatarabuelo, el señor fuego, el creador e iluminador de todo, hasta de sí mismo; pero doblemente él, es decir, OMETECUHTLI; que a su vez se multiplicó en otro doble y opuesto, OMECIHUATL; para ser cuatro, dos veces dos, como los cuatro puntos cardinales donde construirían poco a poco el universo dividido en trece espacios y casi por último, la vida: TONACAYOTL.
Chinto también marchaba con él, siempre resignado, como si una fuerza extraña le hubiera impedido rebelarse en contra de un destino que había surgido así, de pronto; como sucedió con su padre, con su abuelo, con su bisabuelo, con su tatarabuelo y así, acaso más allá de su chozno, cual un itinerario marcado para su familia quién sabe por quién; quién sabe desde cuándo.
Ahí nos refugiamos los hijos de mi tatarabuelo, todos mis viejos tíos; los hijos de sus hijos, es decir sus nietos; los hijos de los hijos de sus hijos, esto es; sus bisnietos y mis hermanos y primos que somos sus tataranietos.
LA EPOPEYA DE LOS MESHICAS Dicen que aquella vez, cuando HUITZILOPOCHTLI, nuestro afanoso tatarabuelo, miró desde las alturas de las montañas de AZTLAN el hermoso valle rodeado de fecundos bosques y las transparentes aguas de los lagos donde blancas garzas se deleitaban apacibles, el fulgor que despidieron sus enormes ojos fue tan impresionante que quienes en esos momentos pescaban o cazaban o realizaban sus tejidos y adornos de plumas, vibraron extrañamente sin saber el porqué.