tapera

Traducciones

tapera

SF (LAm)
1. (= casa) → ruined house
2. (= pueblo) → abandoned village
Ejemplos ?
—Fuego!—rugía la voz del sargento—.Al que afloje lo degüello con el mellao. Las balas que penetraban en la tapera, habían dado ya en tierra con tres hombres.
Hacia el frente, veíanse la tapera hecha terrones; la zanja con el cicutal aplastado por el peso de los cuerpos muertos; y allá en el fondo, donde se manearon los caballos, un montón deforme en que solo se descubrían cabezas, brazos y piernas de hombres y matalotes en lúgubre entrevero.
Soportola inmóvil, resollante, hoscosa, fiera; y al fin, cuando el fornido cuerpo del capitán cesó de sacudirse quedándose encogido, crispado, con las uñas clavadas en tierra, en tanto el rostro vuelto hacia arriba enseñaba con la boca abierta y los ojos asaltados de las órbitas, el ceño iracundo de la última hora, ella se pasó el puño cerrado por el seno de arriba abajo con expresión de asco, hasta hacer salpicar los coágulos lejos, y exclamó con indecible rabia: —Que la lamban los perros! Luego se echó de bruces, y siguió arrastrándose hasta la tapera.
No ha dejado más, alrededor del solitario, que un hornito en ruinas, que ya no se verá coronado de alegre humareda,- y abrojos, y espinas, inevitable vestigio del pasaje del hombre... ¡Cuántos corazones humanos son una tapera!
No le hace: andá y del tirón traite el mate y la caldera; vaya, hijito, y de carrera cebenós un cimarrón. Lucero Pues, yo crei que usté viviera siempre en la otra población, y hoy al darle el madrugón me encontré con la tapera.
Cuando supo don Mateo que iban a arar la tapera, se le acercó a don Nicolás y le explicó que necesitaba para los bueyes ese retazo de pasto tierno, el único en todo el campo por haber estado ahí la única población, durante muchos años, en tiempos que sólo los indios cruzaban por esas pampas.
«Cuando quedé solo, y demasiado viejo para seguir trabajando en las rudas faenas del campo, sabiendo por otra parte que ya se acercaba la colonización para barrer de esos campos los últimos restos de los pobladores primitivos, abandoné la choza demasiado ruinosa para que la pudiese componer, y dejé que se volviese tapera.
De la tapera seguían saliendo chorros de fuego entre una humareda espesa que impregna el aire de fuerte olor a pólvora. En el drama del combate nocturno, con sus episodios y detalles heroicos, como en las tragedias antiguas, había un coro extraño, lleno de ecos profundos, de esos que solo parten de la entraña herida.
—Cállense!—dijo el sargento. El enemigo había apagado también sus fuegos, suponiendo una fuga, y avanzaba hacia la “tapera”. Sentíase muy cercano ruido de caballos, choque de sables y crujidos de cazoletas.
Multitud de balas silbaron al frente; las carabinas portuguesas asomaron casi encima de la zanja sus bocas a manera de colosales trucos, y una humaza densa circundó la “tapera” cubierta de tacos inflamados.
Dos grandes mastines con las colas borrosas y las lenguas colgantes, hipaban bajo el vientre de los caballos, puestos los ojos en el paisaje oscuro y siniestro del fondo de donde venían, cual si sintiesen todavía el calor de la pólvora y el clamoreo de guerra. Allí cerca, al frente, percibíase una “tapera” entre las sombras.
Por lo demás, varios montones de escombros sobre los cuales crecían viciosas las hierbas; y a los costados, formando un cuadro incompleto, zanjas semi-cegadas, de cuyo fondo surgían saúcos y cicutas en flexibles bastones ornados de racimos negros y flores blancas. —A formar en la tapera—dijo el sargento con ademán de imperio—.