túnica


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túnica

(Del lat. tunica.)
1. s. f. INDUMENTARIA Y MODA Prenda de vestir exterior amplia y larga sobre el vestido se puso una túnica. ropón
2. HISTORIA Prenda de vestir holgada, sin mangas y que llegaba hasta los muslos, que usaban los griegos y romanos. tunicela
3. RELIGIÓN Prenda de vestir de lana que usan los religiosos debajo del hábito.
4. BOTÁNICA Telilla pegada a la cáscara y que cubre la carne en algunas frutas y bulbos.
5. ANATOMÍA Membrana que envuelve algunas partes del cuerpo túnica del ojo; túnica de las venas.
6. ZOOLOGÍA Membrana que envuelve el cuerpo de los animales tunicados.
7. túnica de Cristo BOTÁNICA Planta anual de flor violada por fuera y blanca por dentro, semejante al estramonio.
8. túnica palmada HISTORIA La muy rica y adornada que usaban los romanos debajo de la toga picta.
9. túnica úvea ANATOMÍA Capa vascular del ojo, parecida en la forma al hollejo de la uva.

túnica

 
f. Vestidura interior usada por los antiguos romanos y griegos.
Vestidura exterior, amplia y larga.
Telilla pegada a la cáscara en algunas frutas o bulbos.
Membrana o capa de tejido que envuelve un órgano o parte del cuerpo.
zool. Envoltura o revestimiento cuticular de los tunicados; está formada por tunicina.

túnica

('tunika)
sustantivo femenino
prenda de vestir amplia y sin mangas usada antiguamente bajo la ropa una túnica romana
Sinónimos

túnica

sustantivo femenino
1 casulla, dalmática.
Túnica designa, de manera general, una vestidura exterior holgada: los árabes visten túnicas. Casulla y dalmática son las túnicas utilizadas por los sacerdotes.
2 (medicina) membrana, capa, lámina.
Traducciones

túnica

tunic, gown, robe

túnica

tunica

túnica

Tunika

túnica

tunique

túnica

túnica

túnica

Туника

túnica

外衣

túnica

外衣

túnica

Tunika

túnica

טוניקה

túnica

チュニック

túnica

tunika

túnica

SF
1. (Hist) → tunic; [de monje] → robe
2. (Anat, Bot) → tunic
Ejemplos ?
A la luz de las estrellas y a la mucho más viva de los millares de cirios de la Basílica iluminada de alto abajo, hecha un ascua de fuego, adornada como para una fiesta y con las puertas abiertas de par en par, por donde se desliza, apretándose, el gentío ansioso por contemplar al Pontífice, se ve, destacándose de la roja muceta orlada de armiño que flota sobre la nívea túnica, la cabeza hermosísima del Papa, el puro diseño de medalla de sus facciones, la forma artística de su blanco pelo, dispuesto como el de los bustos de rancio mármol que pueblan el Museo degli Anticchi.
Me dirigí a su domicilio con casi la certidumbre que aquel señor me daría la dirección de un anónimo suyo, habitante de un barrio apartado, refugiado en una choza humilde de ermitaño, envuelto en una túnica larga, acariciando una barba blanca y venerable.
Ese sí señor, precisamente señor, se lo repetí maquinalmente varias veces, pues en mi interior aún no quería abandonar la idea del iniciado, del maestro con túnica larga y barba blanca; pues un hombre con los bigotes a lo Kaiser no me cuadraba como un iniciado del Martinismo (Rama de los Rosa-Cruz poseedores del secreto de la piedra filosofal, que transmutan el plomo en oro), ocupado en cotizar acciones de bolsa; me era lo mismo que ver a un arzobispo repartir programas de la corrida de toros.
— Le preguntan dos voces a un tiempo. — Con bordón de esmeraldas y perlas Y una túnica de terciopelo. Cuando hubo pasado la puerta, Mis palomas sus alas tendieron, Y mi perro, que estaba dormido, Fue tras él sus pisadas lamiendo.
En este momento, querido mío, mi mirada penetró por entre los pliegues de su túnica, se enardecieron mis sentidos, y en mi trasporte comprendí hasta qué punto Cidias es inteligente en amor, cuando hablando de un bello joven, y dirigiéndose a un tercero, le dice: No vayas, inocente gamo, a presentarte al león, si no quieres que te despedace.
130 O nada o poco a ella, entonces, de ceder digna, la luz mía se confirió a nuestro regazo: de ella alrededor corriendo, de aquí y de allá, a menudo Deseo fulgía, radiante en su zafranada túnica.
VII ¿Oís las hojas suspirar bajo la leve planta de una virgen? ¿Veis flotar entre las sombras los extremos de su diáfano schal y las orlas de su blanca túnica?
¡Oh Libertad! ¡no manches nunca tu túnica blanca, para que no tenga miedo de ti el recién nacido! ¡Bien hayas tú, Poeta del Torrente, que osas ser libre en una época de esclavos pretenciosos, porque de tal modo están acostumbrados los hombres a la servidumbre, que cuando han dejado de ser esclavos de la reyecía, comienzan ahora, con más indecoroso humillamiento, a ser esclavos de la Libertad!
Cristo tiene la rienda escarlata en su siniestra, mientras bendice a su pueblo con la diestra. Bajo la fimbria dorada de su túnica de purpúreo terciopelo asoman sus pies cándidos e impecables en las sandalias esculpidas.
¿No es cierto, hermosa mía, que hasta la aroma que precede al objeto de nuestro amor, el tenue y débil crujido de su túnica, tienen palabras, dicen algo que los demás no comprenden.
Y a los lugares a los que tú siquiera podías ir, lugares donde no podías entrar, lo único que ellos tenían que hacer era ponerse su túnica y pasaban sin problemas.
La túnica y el velo que la cubrían eran diáfanos y formados de blanco humo, y las chispas que alegres se levantaron con un pequeño estallido, como cohetitos de fuego de regocijo, se colocaron sobre ellos, salpicándolos de relumbrantes lentejuelas.