Ejemplos ?
Mustio después –bajo exiliados tálamos– lo levanté sin lacras para entregarlo al sol hambriento que devoraba nupcial –diástole túrgida– su alba dispersa.
Veo lo mejor y lo apruebo, 20 lo peor sigo. ¿Por qué en un huésped, regia virgen, te abrasas y tálamos de un extraño mundo concibes?
505 Supón que me place a mí: crimen le parecerá que es a él. Mas no temieron los Eólidas los tálamos de sus hermanas. ¿Pero de dónde conozco a ésos?
Los cincuenta tálamos de sus hijos, esperanza de una numerosísima prole, los artesones de oro, ricos despojos de los bárbaros, todo es ruinas; lo que no abrasan las llamas es presa de los Griegos.
850 De fuerzas ella carente y ya moribunda se obligó a estas pocas palabras decir: “Por los pactos de nuestro lecho y por los dioses suplicante te imploro, por los altísimos y los míos, por lo que quiera que he merecido de ti bien y por el que permanece ahora también, cuando muero, causa para mí de muerte, mi amor, 855 en los tálamos nuestros que Aura entre no toleres como esposa”, dijo, y el error entonces por fin que había de un nombre sentí y le mostré.
Vense en el fondo del zaguán la mortífera Guerra, los férreos Tálamos de las Euménides y la insensata Discordia, ceñida de sangrientas ínfulas la serpentina cabellera.
Antistrofa I Antistrofa I Sea mi galardón la continencia, el más hermoso presente de los dioses; que jamás me obligue la poderosa Cipria a tomar parte en luchas de éxito dudoso, ni en insaciables combates que trastornen el alma con envidia de ajeno lecho, sino que me conceda vivir en pacífico consorcio y distinguir con claridad los tálamos de las demás esposas.
Perdóname mis tálamos cambiantes sin horarios para rústicas ateas y la estatua maricona que desnuda me acompaña cada noche crucificada sobre mi cabecera y las griegas...
Y mientras los cuadrípedes allí celestes pastos arrancan y la noche su turno cumple, en los tálamos el dios penetra amados, tornado en la faz de Eurínome, la madre, y entre una docena de sirvientas, a Leucótoe, a las luces, divisa, 220 que ligeras hebras sacaba, girando el huso.
Con esta ayuda debiera mis tálamos haber buscado, y suegro 700 no he debido rogar que él fuera mío, sino hacerlo, a Erecteo.” Estas cosas Bóreas, o que éstas no inferiores diciendo, sacudió sus alas, con cuyas sacudidas toda aventada fue la tierra, y el ancho mar estremeció, y su polvorienta capa llevando por las altas cimas 705 barre la tierra y, pávida de miedo, por una calina cubierto, a Oritía amando, en sus fulvas alas la estrecha.
El primer descanso había llegado, en el cual, de sus ansias diurnas cansados, los pechos el sueño tiene: en los tálamos paternos taciturna entra y –ay, mala acción–, su hija al padre suyo 85 del cabello de sus hados despoja, y de esa presa nefanda apoderada, lleva consigo el despojo de su abominación y saliendo de su puerta, por mitad de los enemigos –en su mérito confianza tan grande tiene– llega hasta el rey, al que así se dirigió, asustado: “Me persuadió el amor de la acción: prole yo, regia, de Niso, 90 Escila, a ti te entrego los de mi patria y mis penates.
Con los pies contended conmigo. 570 De premios al veloz esposa y tálamos se le darán; la muerte el precio para los tardos. Tal la ley del certamen sea.” Ella ciertamente dura, pero –tan grande el poder de la hermosura es– acude a tal ley, temeraria, una multitud de pretendientes.