Ejemplos ?
Él es: y al recordar de doña Blanca, su muerta madre, el infernal intento, hondos suspiros de su pecho arranca, que rechaza tal vez el firmamento.
¿Por qué no me sonríes, Hermana Maximina? Levantó los ojos tristes y lánguidos como suspiros: —Estaba pensando que llevaba usted muchas horas de pie.
Lo cual todo lo dijo llorando con las mayores lágrimas y suspiros que un hombre podía manifestar y así mismo todos aquellos señores que le estaban oyendo lloraban tanto, que en gran rato no le pudieron responder.
Corrió á la puerta el cerrojo Doña Luz, y en su congoja Soltó las riendas al llanto Que á sus párpados se agolpa. Llenó el aire de suspiros, Se mesó la faz hermosa, Y la belleza maldijo Que con pesares la agobia.
Rompe, pues, sombra adorada, Esa piedra que te esconde, Y a mis suspiros responde, Momentánea aparición; Dime, sí, que desde el cielo, Do mi padre habita ahora, No me lanza, aterradora, Su terrible maldición.» Calló aquí un punto, y besando La lápida, con tristeza Inclinando la cabeza, Dijo alejándose ya: «¡Quimeras!...
Al fin despues de tres horas De afanosa espectativa, Llegó mas muerta que viva Del médico la muger Con mil suspiros contándole Que en su aposento tendido Está su pobre marido Muy próximo á fenecer.
Yo los había amado porque encontraba en ellos los suspiros románticos de mi juventud, las ansias sentimentales que al malograrse me dieron el escepticismo de todas las cosas, la perversión melancólica y donjuanesca que hace las víctimas y llora con ellas.
María Antonieta solloza, y desgarra con los dientes el pañolito de encajes: Se ha dejado caer en el sofá: Yo, en pie, permanezco ante ella. Hay un silencio lleno de suspiros.
Era, en la mente perdida Entre suspiros de gloria, La esperanza y la memoria Del amor de una mujer; Recuerdo en alma de niño, Amor en alma de hombre, Blanco fantasma sin nombre Y sin hora en que nacer.
He dicho que aquello hacía pensar en sollozos o suspiros, pero muy bien podía tratarse de otra cosa; más bien cabía pensar en una ilusión auditiva.
Camará, pos si ya no vivo, ni duermo, ni como ni sosiego, y si fueran topacios los suspiros e mi pecho, tendría usté topacios jasta pa empedrar la calle aonde vive.
Predican sabios vates vengadora pelea, y sin saber su mal, al verles fracasados les juzgan impotentes, les niegan toda idea: «Pueden, sin recoger suspiros mendigados, cual se encabrita el búfalo que aspira la tormenta, saborear ahora males eternizados.» «De incienso embriagaremos al Fuerte porque alienta en lucha con los fieros serafines del Mal; cada farsante de estos sin ropa roja intenta detenernos.» Y escupen su desprecio mortal al desnudo que implora, de inmensidad indigente.