supremacía


También se encuentra en: Sinónimos.

supremacía

(Del ingl. supremacy.)
1. s. f. Superioridad absoluta en grado, jerarquía o autoridad el director general ostenta la supremacía de esta empresa. preeminencia
2. Superioridad sobre los demás en cualquier actividad su supremacía en los mil metros no tiene duda. inferioridad
3. Prioridad sobre una persona o una cosa tus deseos tienen supremacía sobre todo lo demás. primacía

supremacía

 
f. Grado supremo en cualquier línea.
Preeminencia, superioridad jerárquica.

supremacía

(supɾema'θia)
sustantivo femenino
superioridad absoluta de alguien o algo en una jerarquía Los invasores nunca perdieron su supremacía militar.
Sinónimos

supremacía

Traducciones

supremacía

supremacy

supremacía

suprématie

supremacía

supremacia

supremacía

التفوق

supremacía

overherredømme

supremacía

SFsupremacy
Ejemplos ?
"Indudablemente la confusión de términos en nuestro sistema político está bastante calculada para desconcertarle a uno al principio, pero si captas con nitidez el punto esencial de que el dominio de los ricos, la supremacía del capital y sus intereses, en tanto que en contra de los de la gente en general, era el principio central de nuestro sistema, al cual se habían subordinado todos los demás intereses, tendrás la clave que aclara todos los misterios."
3) Su ya evidente supremacía militar y la predicción sobre el resultado final del conflicto la llevaron a mantener una posición absolutamente inflexible.
–Porque los chin-fú-tón, una vez en el Gran Consejo, afiliábanse a un partido político de los muchos que se disputaban la supremacía en el Pozo Siniestro.
Estas agrupaciones de empresas transnacionales son dos, como es el grupo Bilderberg, que reúne a empresarios y políticos con preeminencia norteamericana, sucedidos de sus colegas ingleses y europeos; la otra, es una ampliación del grupo Bilderberg, llamada la Comisión Trilateral, que, además de la supremacía euronorteamericana, está acompañada de la presencia de empresarios y políticos japoneses y coreanos, entre otros.
De todas formas, es necesario evaluar que, en muchas de las conductas agresivas humanas, aparentemente gratuitas, hallaríamos una base de instintos territoriales (afirmar el poder, demostrar la supremacía, afirmar la imagen de sujeto dominante, etc.) Las normas imbuidas por la socialización entran fácilmente en conflicto en el caso de la agresividad.
El desarrollo de la producción, la expansión inmensa del comercio, la potencia desmesurada adquirida por el numerario y todos los hechos económicos provocados por el descubrimiento de América, por la invención de las máquinas, etc., han asegurado una tal supremacía a la clase capitalista...
Por último, creo que la propia supremacía constitucional es muy clara al indicar que esta Constitución, las leyes del Congreso que de ella emanen, y los tratados, serán ley suprema en este país.
A la Corte Constitucional se le confía la guarda de la integridad y supremacía de la Constitución, en los estrictos y precisos términos de este artículo.
Y ya que hemos aludido al Mensaje leído por Artigas ante el Congreso de “Las Tres Cruces” aquí parece de oportunidad puntualizar sin más demora que esta meditada y elocuentísima pieza, y asimismo las “Condiciones” fijadas por el Congreso en su sesión de lunes 5 de abril para la validez del reconocimiento que harían los Orientales – pueblo y ejército – de la supremacía de la Asamblea General Constituyente reunida entonces en Buenos Aires fueron divulgados por primera vez entre nosotros en el año 1856 por el joven y malogrado escritor (fervoroso artiguista cuando todavía era difícil serlo) José Pedro Pintos en el diario “La República” que entonces redactaba.
El Tribunal Supremo de Justicia garantizará la supremacía y efectividad de las normas y principios constitucionales; será el máximo y último intérprete de la Constitución y velará por su uniforme interpretación y aplicación.
Ni éste envidiaba al apóstol de su idea el brillo de su vulgarización, ni Fonseca dejaba de reconocer la supremacía del iniciador, del maestro, como llamaba al otro sinceramente.
medida que decayó nuestra preponderancia política, decayó nuestra supremacía literaria, y con nuestros capitanes desaparecieron nuestros poetas: a mediados del siglo pasado habíamos perdido nuestra antigua invención y floridez, y como no habíamos adoptado aún la clásica imitación francesa, nos hallábamos como aquel que, habiendo olvidado una lengua antes de aprender otra, se viese en la dura precisión de no hablar en ninguna.