Ejemplos ?
Entramos en el conflicto sin ambiciones particulares, en los tiempos aciagos en que parecía la suerte más favorable a los adversarios de una convivencia ordenada y equitativa, cuando resistir a los duros amagos de los gobiernos del Eje suponía una fe profunda en los valores indestructibles de la razón y de la virtud.
En aquellas condiciones, el reconocimiento formal de Fernando VII, que nadie suponía podría recuperar el trono, representaba la decisión de los criollos de gobernarse a sí mismos, aun cuando a esas alturas era imposible discernir si tras el postulado de la soberanía popular se ocultaba Francisco Suárez o Juan Jacobo Rousseau.
Yo quería, ante todo, dar cumplimiento a la misión que llevaba, y no vacilé, aun cuando suponía llena de riesgos aquella ruta, cosa que con los mayores extremos confirmó el guía, un viejo aldeano con tres hijos mozos en los Ejércitos del Señor Rey Don Carlos.
Cuando todo hubo terminado y el Señor empezó a poner orden en sus asuntos, todos los vasallos fueron llamados a pagar sus atrasos y mi abuelo lo fue por toda la suma que se suponía que debía.
Era bachiller en artes, había cursado la carrera del Notariado, y estaba terminando con el doctorado la de Filosofía y Letras; y todo esto suponía multitud de cursos y asignaturas, y cada asignatura había sido ocasión para bromas por el estilo, al pasar lista por primera vez el catedrático.
Cada cual sabía que había otros pueblos que el suyo en el mundo, a fuerza de fe; pero viajar por instrucción y por curiosidad, ir a París sobre todo, eso ya suponía un hombre superior, extraordinario, osado, capaz de todo; la marcha era una hazaña, la vuelta una solemnidad; y el viajero, al divisar la venta del Espíritu Santo, exclamaba estupefacto: «¡Qué grande es el mundo!».
Este señor chantajeaba a los viajeros y a los comerciantes, golpeaba a los campesinos, les hacía encarcelar sin motivo, por ejemplo, se decía, y se divertía a veces también tomando como punto de mira a mujeres o a niños, disfrutaba poniendo fuego en los pies de los individuos a los que él suponía con dinero, raptaba a las chicas jóvenes y las martirizaba.
Abrumada por mortal pesadumbre, suponía la madre que su hijo, al dar el «cabezazo», se había ido a la guerra, tragadora de gente; a las trincheras, en que el hombre se esfuma.
Cada uno de ellos suponía sinceramente que sus propias manidas y sosas travesuras eran fazañas inauditas; y cada uno se reía de los demás con irónico y solapado gesto.
El marido no estaba allí; había desaparecido una mañana, no se sabía hacia dónde, aunque se suponía que a América, no tanto en busca de trabajo, que aquí no le faltaba, sino de libertad y vicios, dejando a su esposa como se deja la copa agotada sobre el mostrador de la taberna.
Dos o tres años hacía que no aportaba Bruck por mi país, y yo le suponía entregado a trascendentales investigaciones allá por las cuencas mineras de Extremadura o por las alturas imponentes de los Pirineos, cuando una tarde se me presentó de la manera más impensada, enfundado en su traje habitual de «hacer geología».
La visible turbación del criado, el trajín que reinaba en la casa, el llanto de la doncella, se relacionaban, sin duda, con el registro. ¿Se la suponía, quizás, autora de algún delito?